Hoy en Gijón nos hemos levantado
con un poco de niebla, parece que Lorenzo por fin nos ha abandonado, y que el
otoño se está instalando definitivamente en nuestras vidas. En esta época del
año no sé por qué, pero siempre me invade
la nostalgia, no lo puedo evitar, será el caer de las hojas, o la
llegada del frío, pero el caso es que los recuerdos me invaden y a veces no
puedo evitar sentirme un poco tristona.
Recuerdo con especial cariño los
días de otoño de mi época Londinense, las calles llenas de hojas, casi parecía
una postal, tengo que reconocer que Londres es especialmente bonito en esta
época del año.
Solía madrugar mucho para ir a
trabajar, a veces salía de casa a las 6 de la mañana, llegaba muy pronto, así
que me daba tiempo a desayunar en la cocina con mi amigo Jose, un colombiano
con el que compartía mi afición por los
libros. Mientras él curraba afanosamente, yo le contaba el último que
había leído, o la última película que había visto con mi hermana. Luego llegaba
Andy, el jefe de cocina, que al verme salía corriendo a prepararse un café, si
no era yo la que estaba en ese turno la máquina ni siquiera estaba conectada,
mis compañeros no eran tan madrugadores como yo.
También me acuerdo de muchas
otras personas con las que compartí muchas horas de trabajo, pero también de
amistad en aquel café en Accenture. Yo me llevaba especialmente bien con todo
el mundo, quizá por lo parlanchina que soy, los clientes se solían sorprender
porque me sabía de memoria que tipo de café o té quería cada uno, tengo una
memoria de elefante la verdad. Nunca tuve ningún problema con nadie, como dicen
los ingleses soy una chica “easy going”, soy fácil de tratar, no soy caprichosa
y tengo buen corazón, no juzgo a nadie y siempre estoy dispuesta a ayudar a quien lo necesite.
Supongo que lo que más hecho de
menos es trabajar, quizá aquel no fue el trabajo de mi vida, pero me permitía
ser independiente, me sentía valorada y querida por todo el mundo, y sobre todo
me podía permitir comprarme algún que otro trapito, no como ahora. Madrugar es
algo que reconozco que me gusta, levantarme a las 7 de la mañana, incluso más
temprano es algo que hecho de menos, aunque a alguno le parezca una locura.
Estos días echo mucho de menos a
todas esas personas que formaron parte de mi vida, hasta a Paul, que me dio
calabazas, cachis…¡él se lo pierde!. Gente maravillosa que me trataban de igual
a igual, era como una gran familia donde todos nos llevábamos bien, daba igual
que fueran clientes que compañeros, de todos guardo gratos recuerdos. Me
gustaría saber qué fue de todos ellos, espero que estén bien.
Hoy la vida me está poniendo a
prueba y me pregunto si saldré de ésta con buen pie, supongo que sí, ganas de
pasar el bache no me faltan, así que me aferro a la esperanza de que así será.
Además no es cierto eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, yo estoy
segura que lo mejor de mi vida aún está por llegar, al menos eso espero.
Pero no puedo evitar sentir
nostalgia de aquellos tiempos, que sí que fueron buenos tiempos, pero pasaron,
y ahora toca lo que toca y yo no pienso rendir, y vosotros tampoco, saldremos
adelante, ya veréis.
Y como hoy me siento nostálgica la canción que más escucha es Memory del musical Cats, una bellísima pieza en la que Grisabella, recuerda con tristeza sus tiempos al sol cuando era joven y guapa. Lea Salonga es una estupenda cantante de musicales, su voz es dulce, y sin embargo ella es capaz de expresar la tristeza y la amargura que la protagonista siente en lo más profundo de su ser, una gran interpretación, seguro que os gusta.
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