Sé que llevo mucho tiempo sin
escribir en el blog, he tenido un mes un poco complicado, ya que he tenido que
compaginar la preparación de los exámenes finales con el trabajo. Sí chicos, me
han llamado de una bolsa de empleo en la que estoy desde hace unos años, y
tengo trabajo hasta finales de este mes, ¡cuánta gente firmaría por algo así!,
¿verdad?
El caso, es que mientras yo
estudiaba y trabajaba con toda mi energía el mundo ha seguido girando, y como
no, las desgracias, o mejor dicho las injusticias, no han cesado de repetirse.
Ya sabemos que India es un país
en el que la mujer no es respetada, y a menudo sus derechos son vulnerados de
manera flagrante. Es famoso el caso de que aquella joven estudiante violada y
golpeada de manera inmisericorde por un grupo de asesinos (no creo que merezcan
otro nombre) en el autobús. Fue un caso
que obtuvo gran repercusión internacional, gran parte de la sociedad
India que se movilizó para pedir justicia. Sin embargo, dos años más tarde se
ha vuelto a repetir la misma historia, y dos muchachas han sido violadas en
grupo para después ser ahorcadas. Las imágenes de los cuerpos de las dos
criaturas colgando de un árbol ha dado la vuelta al mundo. De nuevo se han
vuelto a escuchar voces pidiendo justicia a gritos, y recordando que una vez
más la policía no solo no hace nada al respecto, sino que incluso a veces
consienten, y en el peor de los casos participan en la agresión. Como os
podréis imaginar las imágenes me han sobrecogido, y me he puesto en el lugar de
esas dos familias que han visto como sus hijas eran asesinadas después de ser
violadas. Han visto sus cuerpos colgando de un árbol, mientras a nadie parecía
importarle su sufrimiento, ¿por qué? Muy sencillo, porque las jóvenes
pertenecían a la casta más baja: los
intocables.
En mis años en Inglaterra
compartí fatigas laborales con muchas
personas de la India ,
son personas maravillosas, alegres, generosas, con un gran sentido del humor, y
puedo presumir de que algunas de esas personas siguen siendo mis amigas. Pero
ellas mismas reconocían que su vida era mucho mejor en Inglaterra que en la India. Desgraciadamente ,
el peso de las tradiciones a veces ahoga al eslabón más débil, que muchas veces
y en muchos lugares es la mujer.
Quiero creer que llegará un día
en el que los derechos de las mujeres serán respetados en todos los países del
mundo. Y que no habrá necesidad de salir a la calle a gritar justicia, porque
ninguna mujer volverá a ser colgada de un árbol. Las mujeres no somos objetos
de los que se puede disponer con libertad, somos seres humanos, nacemos libres
y somos dueñas de nuestros cuerpos, nadie tiene derecho a abusar de nosotras. Lo
que ha sucedido en la India
es un crimen aborrecible, y espero que al menos esta vez, sí se haga justicia.
En memoria de estas dos muchachas me gustaría compartir con todos vosotros un fragmento del Requiem de Verdi. El vídeo que quiero compartir con vosotros es parte de un concierto de Voces para la paz, un grupo de músicos solidarios, os invito a que visitéis su página, merece la pena.
