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miércoles, 25 de septiembre de 2013

Leer para saber que no estamos solos

Tengo una buena amiga, Aida, que ha decidido aventurarse en el complicado mundo editorial, y para darse a conocer ha creado un blog y una página en Facebook que sigo con regularidad. Así mi amiga, que ha sido recientemente madre, se ha embarcado en un proyecto arriesgado, pero del que está sacando buen provecho, aprendiendo día a día, afrontando esta nueva etapa de su vida con gran ilusión. Debo decir que Aida es además de madre y emprendedora diseñadora gráfica, nos conocimos en un curso de diseño de páginas web, así que ya os podéis imaginar lo versátil que es mi amiga.
Hace unos días Aida compartió en su página Aversalita  un interesante artículo que me llamó mucho la atención: La literatura es mejor que la autoayuda, inmediatamente pinché en el enlace para saber de que iba el asunto. Así encontré una frase de las autoras de esta teoría, Berthoud y Elderkin, quienes afirmarn que los libros nos “abren caminos para superar las dificultades de la vida”. Así estas dos mujeres han escrito un libro “The Novel Cure: An A-Z of Literary Remedies” (Penguin), en el que nos aconsejan una serie de títulos literarios que nos ayudarán a superar nuestros achaques, como dicen sus autoras si estos  libros no consiguen curarnos, al menos nos habremos enriquecido con ellos, ¡qué maravilla!, ¿verdad? El artículo sigue con una serie de recomendaciones literarias destinadas a aliviar nuestros males, ya sean un dolor de muelas, una pequeña depresión, o falta de liquidez en nuestra cuenta corriente, un mal muy habitual en nuestros días.
Además, el artículo cita a C. S. Lewis para recordarnos que “leemos para saber que no estamos solos” (“We read to know we are not alone”). Hermosa frase sin duda y que cierta es, ¿verdad?
Entonces me puse a pensar, este verano he vivido en compañía de las hermanas Bennet, mientras Lizzy rechazaba al señor Darcy, para después darse cuenta de que no era el hombre desagradable y desconsiderado que ella se había imaginado, yo sentía caer mis propios prejuicios al tiempo que Lizzy superaba los suyos. Entonces abrí los ojos, y recordé la belleza de Bath, donde tanto tiempo pasó Jane Austen escribiendo, y recordé aquellos hermosos lugares que visité hace ahora ocho años, y no pude evitar recordar la emoción que me embargó al pasear junto a su antigua casa.
Este año también he vivido Cien años de soledad, y rodeada de sus personajes me di cuenta de que la vida es cíclica y todo parece comenzar una y otra vez. También he entendido que la muerte forma parte de la vida, y quienes un día formaron parte de nuestra vida no nos abandonan al dejar este mundo, siguen a nuestro alrededor, viven en nuestro corazón.
También he descubierto historias tan desgarradoras como la de Marguerite Duras en El Amante, y he sentido como ella la incomprensión de un mundo caótico, en el que he vivido un amor sin futuro por el que he llorado amargamente, consciente de que un día habrá de terminar.
He sufrido con Frankestein por la criatura creada jugando a ser dios, esa criatura que después ha aprendido los peores vicios del ser humano, ha matado, mentido, robado, y sin embargo no he podido evitar compadecerme de ella, abandonada a su suerte despreciada incluso por su creador. Era amor lo que anhelaba sentir, un contacto físico, una caricia, una palabra de aliento, pero, el ser humano, que siempre rechaza aquello que es diferente le dio la espalda, y aunque intentó hacer el bien, al final tanto odio y desprecio le llevaron a cometer las más perversas atrocidades.
 En definitiva, cuando leemos no solo descubriemos que no estamos solos, sino que volamos hacia lugares en los que nunca hemos estado, lugares que tal vez tan solo existieron en la imaginación de su autor. Los pesares y las tristezas desaparecen de nuestra mente aunque lloremos con el protagonista; otras veces en cambio sentimos una inmensa dicho y reímos como no lo hemos hecho nunca.
Desde luego  yo no he estado sola este verano, he estado en compañía de todos estos personajes y muchos más, y también he estado en compañía de todos vosotros que estáis ahí. Ahora llega el otoño y con él el nuevo curso, nuevos planes  y de nuevo la búsqueda de un empleo que me permita estudiar y llevar la vida que siempre he querido tener. Mientras llegue ese momento los libros serán mi luz y mi consuelo, mi esperanza y mi tranquilidad. Y vosotros amigos quienes me deis ánimos para seguir adelante en este complicado momento que nuestra sociedad está viviendo.
Paseando por Toledo descubrí esta preciosa librería
hogar de fábulas y aventuras que anhelan ser descubiertas

Quiero dedicar esta entrada a todas las personas que estáis siempre ahí, especialmente a mi amiga Aida, pero también a Lidia y a Julio, a Emma, a Ana Carmen, a Mary Mar Camino, y a amiga Sara que también empieza a hacer sus pinitos en esto. Y por supuesto no me quiero olvidar de Marigem que siempre está ahí y una vez más me concede un premio que tengo que agradecer, y de mi amiga Ana Belén, que está empezando una nueva etapa en Menorca, ánimo Ana, que a partir de ahora la vida será lo que tú quieras que sea. ¡Ay!, por poco me olvido, también quiero agradecer a mi amiga Jana de Nice que es un solete y me ha diseñado una bolsa superchula en la que voy a llevar libros a montones para mis tardes de sol y libros.
No, desde luego no he estado sola este verano, ¿y vosotros?
Y esta es la bolsa que me ha diseñado mi amiga Jana de Nice
La frase es de Charly Brown, recuerdo de infancia ;-)


Si sois como yo lectores empedernidos os recomiendo que echéis un vistazo al blog donde he leído tan interesante artículo, seguro que os encanta se llama Qué leer.

Este verano también me ha acompañado la mejor música, así he disfrutado de autores tan variados como Bvorak o Tchaikosvky, entre otros, y ahora mismo estoy disfrutando de Purcell y su The Fairy Queen, obra maestra que despierta en mí las más bellas emociones, os dejo con ella.





miércoles, 3 de octubre de 2012

Que el otoño no os deprima


Parece que llega el otoño por fin a nuestras casas, los días ya son mucho más cortos y parece que el sol no quiere madrugar para llenar de luz y energía todo lo que nos rodea. Por si fuera poco los datos del paro que conocimos hace sólo unos días no son muy halagüeños, quizá por eso la gente anda un poco triste estos días, ¡cómo vamos a salir adelante!, ¡esto no tiene fin!, en fin, toda clase de comentarios negativos y pesimistas.

En fin, es verdad  que el país está patas arriba, nos lo han dejado irreconocible, pero no nos podemos dejar vencer por el desaliento, sé que hay veces que uno no siente ganas ni de levantarse por las mañanas, ¡total para lo que hay que hacer! Pero eso es una equivocación, precisamente porque están las cosas como están hay que emplear más energía y determinación para lograr lo que nos hayamos propuesto, ya sea salir del paro, o simplemente iniciar una vida mejor. No es verdad que esté todo perdido, siempre hay algo a lo que aferrarse para salir adelante, lo mejor de nosotros seguro que está aún por salir, y nos tenemos que agarrar con fuerza a nuestra esperanza para poder seguir viviendo con ilusión.

Los días son muy largos cuando no trabajas, es cierto, por eso yo los lleno con un montón de cosas que llenan ese vacío, con libros que leer, cartas que escribir, amigos a los que ayudar, un coro en el que de vez en cuando hasta afino. En fin, no me canso de hacer cosas, he hecho un montón de cursos, y no me cansaré de hacerlos, y como he descubierto que me gusta mucho estudiar me he matriculado en la UNED para hacer el grado de Estudios ingleses, algo que llevaba mucho tiempo pensando, pero que no me terminaba de decidir, mira ahora quizá sea el mejor momento para hacerlo. Hace un par de días me llegaron algunos libros, y para mi sorpresa descubrí cuando me puse a estudiar que era muy fácil, supongo que mis años en Inglaterra me dan una ventaja especial, ¡menudo subidón!

Todas las mañanas cuando me levanto, pienso que quizá hoy será el día, y pongo todo de mi parte para que así sea, y aunque no llegue esa llamada no me doy por vencida, porque sé que soy una persona increíble y que algún día alguien verá todo lo bueno que hay en mí. Disfruto de la vida que me han dado, y me esfuerzo para que mis días tengan algún sentido, no tengo tiempo de aburrirme, ¡con tanto que estudiar!

Supongo que éste será el sentir de muchas de las personas que leéis mi blog, estáis cansados y quizá ya si motivación, por eso escribo estas líneas, para que tengáis un poco de ánimo. Todo pasa, no hay mal que cien años dure, o como decían antiguamente “alfa y omega”, “todo tiene principio y final” No perdáis la esperanza, sin ella no somos nada, y sin ilusión tampoco.
Daos algún capricho, si podéis, yo por poner un ejemplo la semana pasada me compré un vestido precioso en una tienda del barrio de La Calzada, y me queda de maravilla, algo que ayuda a sentirse mejor.

Así que amigos que el otoño no os deprima, y para demostrar que también esta estación puede ser preciosa y especial, os dejo con Vivaldi y El Otoño, una obra de arte, ¿no os parece?



PD, como también me entretengo escribiendo este blog, y otro para mi amiga Ana, que tiene una tienda de té y siempre me ha animado un montón, si queréis podéis echarle un vistazo.