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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Pau y yo

Este verano mientras pasaba unos días de descanso en Ciudad Real supe que Benjamín Recacha, a quien sigo en las redes sociales Facebook y Twitter, buscaba anfitriones para su libro: El viaje de Pau, que estaba recorriendo diversos lugares de España para dar a conocer su historia. La idea de colaborar y acoger en mi casa a un libro viajero me pareció fascinante, por lo que enseguida me presenté voluntaria y tuve la suerte de salir elegida. El libro llegó a mis manos desde Valencia aproximadamente hace un mes después de haber recorrido lugares tan diversos como Lanzarote, Valencia, Llanera, entre otros muchas ciudades españolas. También había visitado infinidad de museos y lugares de gran interés cultural como la casa de José Saramago en Lanzarote. Cuando lo recibí en mi casa lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de recuerdos que acompañaban al libro, desde un ticket de metro, hasta un pequeño libro de poesía que me pareció excepcional, “¡qué detalle tan hermoso!”, pensé. Así que yo decidí que tenía que hacer algo parecido con el libro. Se me ocurrían infinidad de lugares emblemáticos y de enorme belleza que podía visitar en compañía de Pau. Pensé que acudir con él a Deva, o a los Lagos de Covadonga o de Somiedo, parajes de gran belleza. También podía haber realizado la ruta Clariniana, que celebra la singular relación del gran escritor Clarín con el concejo de Carreño, al que ya sabéis que estoy muy ligada.
Por desgracia a veces en la vida surgen imprevistos y cuando el libro llegó a mis manos yo estaba trabajando a tres turnos, por lo que no pude dedicar todo el tiempo que hubiese querido para llevar a Pau de viaje por esos rincones de mi tierra que tanto me gustan. El primer sitio que visitó conmigo Pau fue mi lugar de trabajo, ya que me acompañó durante alguno de mis turnos. Allí le presenté a Pau a una de nuestras supervisoras, que quedó francamente impresionada por la historia y me animó a seguir apoyando a su autor. La noche de trabajo de ese turno se me hizo mucho más llevadera con Pau y sus amigos. Entre llamada y llamada yo arañaba tiempo para seguir leyendo una historia que me ha conmovido y me ha hecho reflexionar mucho, prometo publicar una entrada próximamente con todo lo que este libro me ha enseñado.  
Pau y sus amigos me llevaron de viajeurante una de mis noches
de trabajo por el hermoso valle de la Pineta
Vosotros diréis que mi lugar de trabajo no es un lugar muy hermoso para llevar a un invitado tan ilustre como Pau, y tal vez no lo sea. Por ese motivo decidí que Pau debería conocer alguno de esos lugares en los que yo me siento muy a gusto, y así decidí que debía venir conmigo al parque de los Pericones. Normalmente suelo dar un paseo alrededor del cementerio de Ceares donde reposan mis abuelos paternos Ana María y Valeriano. Luego vuelvo a la parte más antigua del parque desde donde se puede observar la ciudad hasta la zona de la Campa Torres, y allí siempre encuentro algún rincón tranquilo para leer. La verdad es que la historia ya me tenía enganchada y  me quedé allí hasta que prácticamente la terminé. Tan enfrascada estaba en la lectura que olvidé sacarle una foto a Pau, algo que sé que su autor le habría gustado mucho, por lo que me temo que la foto que podéis ver aquí no es de ese día sino de otra ocasión.
Le mostré a Pau este precioso rincón de Gijón, al que procuro
escaparme de vez en cuando en busca de tranquilidad

La historia como ya os he dicho antes me ha conmovido especialmente porque Pau en cierto modo me recuerda a mí, que al igual que él me he pasado mucho tiempo intentando encontrar mi camino. Yo también he tenido que realizar un largo viaje hasta comprender por fin quién era y qué era lo que quería hacer en la vida. Yo encontré ese camino en la UNED, mientras que Pau lo encontró en el hermoso valle de la Pineta, lugar que espero conocer muy pronto.
El libro se quedó un poco más de la cuenta en mi casa, ya que mi padre también se enganchó a la historia y no se lo pude quita.. La semana pasada por fin Pau emprendió el viaje de regreso a casa cargado de recuerdos aportados por todas las personas que lo han acogido durante estos meses, y Benjamín lo relata así en su página web: http://benjaminrecacha.com/2014/09/23/el-libro-viajero-regresa-a-casa-cargado-de-recuerdos/http://benjaminrecacha.com/2014/09/23/el-libro-viajero-regresa-a-casa-cargado-de-recuerdos/

Pau es buen tipo del que he aprendido mucho en estos días, os invito a que conozcáis a su autor Benjamín Recacha a través de su sitio web: http://benjaminrecacha.com/, seguro que no os decepciona. Por cierto, sé que ya tiene en marcha un nuevo libro, así que habrá que estar atentos.

Y para terminar quiero compartir con todos vosotros esta preciosa interpretación de la Aragonesa de Manuel de Falla, perteneciente a la obra "Cuatro piezas españolas", en homenaje a Pau y sus amigos que me han llevado de viaje por las tierras de Aragón.

domingo, 5 de enero de 2014

Feliz día de Reyes

Un año más llega la noche mágica, esa en la que todos de alguna manera regresamos a nuestra infancia, reviviendo algunos de los momentos más entrañables de nuestra niñez. La Cabalgata de Reyes para mí es uno de esos acontecimientos que procuro no perderme, aunque hace tiempo que dejé de ser una niña sigo disfrutando casi como entonces al ver pasar a sus majestades Melchor, Gaspar y Baltasar. Este año además estamos de enhorabuena ya que pasan justo al lado de mi casa, así que no tengo que ir muy lejos para disfrutar de ese momento tan especial en mi ciudad.
Durante muchos años la Cabalgata de Reyes precedía a la fiesta familiar en casa de mi abuela Ana María, después vino Londres y más tarde el trabajo en el hotel, por lo que dejé de participar en la fiesta. El día de Reyes siempre estaba reservado para los abuelos de Candás, donde siempre me ponían alguna que otra muñeca. Uno de los días de reyes que recuerdo con más cariño fue el de 1980, cuando mis abuelos me regalaron una preciosa muñeca que aun conservo, se llama Chiquitina, y mi hermana María tiene a su hermanito que se llama Chiquitín, que nombres tan originales, ¿verdad? Ese mismo año mi padrino me regaló un precioso cuento: La bella durmiente, que conservo como oro en paño.
Por desgracia mis abuelos ya no están entre nosotros, y este será el primer año en 39 años en el que iré a casa de mi abuela sabiendo que ella ya no va a estar allí. Afortunadamente me quedan todos esos recuerdos maravillosos de aquellos años que atesoraré para siempre en mi memoria.
Dice la tradición que eran tres y le llevaron al niño
oro, incienso y mirra


Y os preguntaréis que les pido a los reyes este año, pues no les pido poco, de hecho ya me adelantaron alguna que otra cosilla, como un diccionario de francés, con la condición de que estudiase, eso sí, que si no lo hago se lo vuelven a llevar ;-). En fin, por lo demás les pido en primer lugar mucha salud, en esta casa hemos empezado todos el año con gripes y catarro, así que me parece más que oportuno pedir alguna mejora en este sentido. Después les pido volver a aprobar todos mis exámenes entre enero y febrero, y como los reyes para eso necesitan cierta ayuda, ya pongo yo de mi parte todo lo que puedo. Les pido un sobrino, a ver si no tarda ya mucho en llegar. Y para terminar como este año me he decidido a dar clases particulares de inglés a niños, les he pedido alumnos, a ver si así poco a poco vamos saliendo adelante. Tampoco me olvido de quienes están sufriendo, así que les pido por los niños de Siria, para que termine esa maldita guerra y vuelvan pronto a sus casas. También pido por la gente de Sudán del Sur, porque aunque no se habla mucho de ellos en los medios también están viviendo momentos muy difíciles, que ya han se han cobrado la vida de muchas personas. Me gustaría pedirle a los reyes magos nuevos gobernantes que se preocupen por los ciudadanos que les votan. Que tengan piedad de todas esas personas que están sufriendo las consecuencias de la crisis. Algunas de esas personas lo han perdido todo en estos años, hasta la dignidad y ya no les queda ninguna esperanza. Por desgracia nadie parece estar interesado en resolver la situación de tantas familias sin trabajo, sino que más bien parecen preocupados por no perder el puesto, o en algún caso que ya hemos visto el último tren para empezar algún que otro puente. A los reyes magos les pido que de una vez acabe la crisis para que así las personas puedan recuperar sus vidas y su dignidad.

¿Creéis que los reyes magos me traerán todo lo que les pido?, ¿quién sabe?

Y para terminar os quiero dejar con una maravillosa composición de Francisco Guerrero, otro de esos compositores españoles que nos legaron algunas de las más hermosas obras. En este caso quiero compartir con vosotros este Los Reyes siguen la estrella, espero que os guste.
Feliz noche de reyes a todos, que se cumplan todos vuestros deseos.


domingo, 13 de octubre de 2013

Un paseo por Candás para charlar con la tía Fernanda

Una de mis amigas de Parejas orientadoras para la búsqueda de empleo, Rosa, se ha convertido en la intrépida reportera de esta iniciativa, y yo como soy muy osada, he decidido que voy a ser la primera entrevistada. El caso es que Rosa necesitaba que le enviase una larga carta explicándole como soy y cuales son mis objetivos, y lo hice, pero me da la sensación de que faltaba algo, ¿sabéis qué? Pues una foto chula que ilustre no solo mi talento y mi ilusión sino también mis ganas de salir adelante, y mi optimismo, algo que tengo mucho en común con Rosa, que se ríe de todo y yo creo que no se disgusta por nada nunca, ¿me equivoco Rosa?

Así que ayer convencí a un amigo para que me hiciese alguna foto, con una me bastaba, pero él que es muy considerado decidió que tenía que sacar muchas para que yo escogiese la mejor. Ya me había hecho unas cuantas hace unos días en Gijón, pero el hombre pensó que yo no había quedado contenta, algo le había comentado de mi pelo, ya sabéis las chicas cuando tenemos “a bad hair day”, no queremos ni salir de casa. Así que nos plantamos en Candás, y como yo de este buen amigo, a veces abuso un poco, lo convencí para que me llevara al cementerio, donde reposan mis abuelos, bisabuelos y tatarabuelos. Os parecerá una barbaridad, anda que no habrá sitios mejores para visitar en Candás, pero a mí me apetecía visitar a mis abuelos después de la boda de mi hermana. Se les echó mucho de menos ese día, como os podréis imaginar, además, mi hermana decidió que su ramo de novia debía ser para ellos, y yo quería verlo antes de que terminase de marchitarse. Así que mi amigo ni corto ni perezoso me llevó hasta el cementerio, y se quedó impresionado con las vistas, quizá las mejores de todo el pueblo, lástima que quienes ahí reposan no puedan verlas.
Después fuimos hasta San Antonio, donde tanto enredé de pequeña, allí jugué al tenis en sus canchas, bueno, para ser exactos, corría con la raqueta en la mano y de vez en cuando le daba a la pelota. También jugábamos al baloncesto o a lo que se terciase, comíamos en familia, y cuando estábamos hartos de tanto sol íbamos a la playa a darnos un baño. Muy cerca en el Nodo estaba la antigua casa de mis abuelos, desde la que veíamos el mar desde cualquier ventana. Desgraciadamente, ahora está todo vallado, y no hay manera de acceder ni a las canchas deportivas donde tanto jugué, ni a los soportales del instituto donde también enredé alguna que otra vez, como dice mi amigo: “están siendo muy poco considerados con tus recuerdos de infancia”. Así es, pero no me los podrán quitar, siempre los recordaré y eso ya es mucho, ¿verdad?
Pudimos pasear hasta el Faro de Candás por la senda, menos mal que por lo menos eso no me lo han quitado, y de camino me hizo esta estupenda foto, ¿qué os parece?
No os podéis imaginar la de recuerdos que tengo atesorados
en mi memoria de este precioso lugar


Y después decidimos ir a dar un paseo por el pueblo donde le hice un poco de guía turístico, eso sí, explicándole mi historia familiar y mi vinculación con cada rincón de ese maravilloso pueblo marinero. Y cuando estábamos dando la última vuelta por el pueblo nos encontramos a  la tía Fernanda, tía de mi madre, que es una mujer llena de vitalidad y energía. En cuanto la llamé vino corriendo a darme un beso y un abrazo muy grandes, y claro, ella que tantas ganas tiene de verme casada, ¡pobrecita! , no pudo evitar hablarle al muchacho como si fuese mi novio. Solo somos amigos, respondimos los dos a la vez, “ah, bueno”, dijo ella, “si no estáis muy enamorados, para casarse y separarse a los cuatro días, val más que no lo hagáis”. Perdonad que incluya esa expresión tan asturiana aquí. Entonces ella nos arrolló a los dos con su simpatía y alegría, ella estuve sesenta y cinco años casada, y por supuesto que hubo momentos buenos  y otros no tanto, pero se quisieron y tiraron para adelante. Y cuando llegaron a las bodas de oro, a las que ella pensó que igual no llegaban, lo celebraron por todo lo alto, invitando a todos los sobrinos de los dos lados, porque como ella dice nos quiere a todos por igual. Nos animó a disfrutar de la vida y de la juventud, que se marcha rápido, pero sobre todo si hay algo que quiere Fernanda es que le demos mucho amor, y de eso os puedo asegurar que no le falta, tiene 32 sobrinos nietos, y todos queremos a esta gran mujer con locura. Por cierto, que no os lo había contado, ¿sabéis quién fue la que más bailó en la boda?, pues Fernanda, ¿queréis saber cuántos años tiene?....nada más y nada menos que ochenta y ocho, y que le quiten lo bailao y que siga bailando muchos años más.

Yo cuando sea mayor quiero ser como Fernanda, el ejemplo y la ilusión ya lo tengo, ¿verdad? Además, al igual que ella yo soy de las que no se rinden, así que seguiré luchando por mis sueños.

Y para terminar os dejo con una de esas piezas de música que me sirven de inspiración, que por cierto, sonó muy bien en la boda de mi hermana la Cantata 147 de Bach, espero que os guste.


miércoles, 28 de agosto de 2013

En recuerdo de mis abuelos

Hoy es San Agustín, una fecha que tiene mucho significado en mi familia, ya que tal día como hoy nacieron mi madre y mi abuela materna, y además era el santo de mi abuelo que se llamaba Agustín. Por eso estos días de verano me están resultando un poco melancólicos, con tantos recuerdos brotando de nuevo en mi memoria.
Hace hoy un año nos reunimos toda la familia para festejar el noventa cumpleaños de mi abuela, como os podréis imaginar fue una velada inolvidable en la que la protagonista disfrutó como nunca, sintiéndose la reina de la ocasión y sonriendo como hacía tiempo que no la veía sonreír. Decir que disfrutó de aquella reunión familiar es poco, se hizo fotos con todos, y nos abrazó y nos besó infinidad de veces. Entonces no sabíamos que sería la última reunión familiar pero intuíamos que ya no habría muchas más oportunidades como esa, así que la disfrutamos al máximo, y yo nunca olvidaré que se empeñó en sentarse a mi lado, cuando todos habían dispuesto que ella ocupase la cabecera de la mesa.
El tiempo pasa y hoy esa reunión familiar con mi abuela como protagonista es solo un recuerdo entrañable, de esos que se atesoran en la memoria y salen siempre a colación cuando nos embarga la emoción al acordarnos de aquellos que ya no están entre nosotros. Nos quedamos con los besos y los abrazos, las muchas sonrisas que nos regaló y con todos los recuerdos de toda una vida en la que hubo cosas buenas y malas, pero fue una vida plena y larga en la que tanto amor nos regaló.
Hoy mis abuelos ya no están entre nosotros, quizá me observen desde alguna estrella, pues dicen que somos polvo de estrellas. O por ventura serán ellos los que me iluminen para que así brote esa luz que dicen que emano. O tal vez suceda como decían los romanos, y ahora convertidos en mis manes, guardianes de mi vida, velan por mi bienestar, acompañando con su presencia invisible mis titubeantes pasos en este camino que he elegido.
Quedan los recuerdos de los paseos por el paseo marítimo de Candás, por el que tantas veces caminó mi abuelo, o los bailes en la plaza de la Baragaña los días del Cristo. Tampoco faltan los recuerdos de aquellos domingos en San Antonio, disfrutando del sol asturiano, días muy felices que ahora forman parte de mis mejores recuerdos, y que sé que siempre me acompañarán, guardados para siempre en el baúl de mi memoria.
Nunca olvidaré las bromas de mi abuelo, ni de las veces que fue a casa Crista a comprar cigarrillos a escondidas de mi abuela, como tampoco podré olvidar las broncas de mi esta al enterarse.
Yo que fui la primera nieta me sentí siempre muy unida a ellos, dice mi madre que mi hermana María y yo no salíamos de su casa, y así crecimos entre Candás y Gijón, amando ambos lugares por igual.  Si Machado decía en aquellos versos inolvidables: “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla”, la mía son recuerdos con el olor a salitre del muelle de Candás. Mis recuerdos saben también a sardinas asadas cada primero de agosto, y a bollos preñados el día de San Antonio, para después endulzarlos con el sabor de las marañuelas de Candás.

En los alrededores del Faro de Candás he vivido algunos de los mejores momentos
de mi infancia. Os invito a visitar un blog donde he podido encontrar muchas
cosas que no sabía de su historia 
                       


Los abuelos se van, pero nos dejan los mejores recuerdos para que de esta manera jamás nos olvidemos de ellos, y así donde quiera que vayamos su presencia siempre nos acompañará, por eso hoy este post está escrito en recuerdo de los míos.
La foto del faro de Candás la he sacado de un blog muy interesante que nos explica algo más de la historia de este faro, os invito a que os paséis a echar un vistazo, seguro que os resultará de gran interés.

Y para honrar la memoria de mis abuelos hoy he decidido compartir una pieza musical interpretada por Victoria de los Ángeles, una de las más grandes sopranos que dio este país para el  mundo entero. Espero que os guste.


jueves, 11 de octubre de 2012

Y el otoño llega a nuestras vidas



Hoy en Gijón nos hemos levantado con un poco de niebla, parece que Lorenzo por fin nos ha abandonado, y que el otoño se está instalando definitivamente en nuestras vidas. En esta época del año no sé por qué, pero siempre me invade  la nostalgia, no lo puedo evitar, será el caer de las hojas, o la llegada del frío, pero el caso es que los recuerdos me invaden y a veces no puedo evitar sentirme un poco tristona.

Recuerdo con especial cariño los días de otoño de mi época Londinense, las calles llenas de hojas, casi parecía una postal, tengo que reconocer que Londres es especialmente bonito en esta época del año.

Solía madrugar mucho para ir a trabajar, a veces salía de casa a las 6 de la mañana, llegaba muy pronto, así que me daba tiempo a desayunar en la cocina con mi amigo Jose, un colombiano con el que compartía mi afición por los  libros. Mientras él curraba afanosamente, yo le contaba el último que había leído, o la última película que había visto con mi hermana. Luego llegaba Andy, el jefe de cocina, que al verme salía corriendo a prepararse un café, si no era yo la que estaba en ese turno la máquina ni siquiera estaba conectada, mis compañeros no eran tan madrugadores como yo.
También me acuerdo de muchas otras personas con las que compartí muchas horas de trabajo, pero también de amistad en aquel café en Accenture. Yo me llevaba especialmente bien con todo el mundo, quizá por lo parlanchina que soy, los clientes se solían sorprender porque me sabía de memoria que tipo de café o té quería cada uno, tengo una memoria de elefante la verdad. Nunca tuve ningún problema con nadie, como dicen los ingleses soy una chica “easy going”, soy fácil de tratar, no soy caprichosa y tengo buen corazón, no juzgo a nadie y siempre estoy dispuesta  a ayudar a quien lo necesite.

Supongo que lo que más hecho de menos es trabajar, quizá aquel no fue el trabajo de mi vida, pero me permitía ser independiente, me sentía valorada y querida por todo el mundo, y sobre todo me podía permitir comprarme algún que otro trapito, no como ahora. Madrugar es algo que reconozco que me gusta, levantarme a las 7 de la mañana, incluso más temprano es algo que hecho de menos, aunque a alguno le parezca una locura.

Estos días echo mucho de menos a todas esas personas que formaron parte de mi vida, hasta a Paul, que me dio calabazas, cachis…¡él se lo pierde!. Gente maravillosa que me trataban de igual a igual, era como una gran familia donde todos nos llevábamos bien, daba igual que fueran clientes que compañeros, de todos guardo gratos recuerdos. Me gustaría saber qué fue de todos ellos, espero que estén bien.

Hoy la vida me está poniendo a prueba y me pregunto si saldré de ésta con buen pie, supongo que sí, ganas de pasar el bache no me faltan, así que me aferro a la esperanza de que así será. Además no es cierto eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, yo estoy segura que lo mejor de mi vida aún está por llegar, al menos eso espero.

Pero no puedo evitar sentir nostalgia de aquellos tiempos, que sí que fueron buenos tiempos, pero pasaron, y ahora toca lo que toca y yo no pienso rendir, y vosotros tampoco, saldremos adelante, ya veréis.

Y como hoy me siento nostálgica la canción que más escucha es Memory del musical Cats, una bellísima pieza en la que Grisabella, recuerda con tristeza sus tiempos al sol cuando era joven y guapa. Lea Salonga es una estupenda cantante de musicales, su voz es dulce, y sin embargo ella es capaz de expresar la tristeza y la amargura que la protagonista siente en lo más profundo de su ser, una gran interpretación, seguro que os gusta.


lunes, 24 de septiembre de 2012

Un fin de semana tranquilo por Candás


Este fin de semana lo he pasado en Candás, un pueblo precioso de fuerte tradición marinera, al que estoy muy vinculada, ya que mi madre nació allí, y de pequeña pasé algunos de los mejores momentos de mi infancia corriendo por sus calles. Ha sido un fin de semana tranquilo, sin Internet, sin televisión por cable, aferrada a mis libros que siempre me acompañan en los momentos de tranquilidad y calma, pero sobre todo haciendo compañía a la abuela.

Esta mañana aprovechando que el sol brillaba con ganas salí a dar un paseo por el pueblo, aún había gente en las terrazas, y las tiendas estaban abiertas, así que me entretuve mirando los escaparates, mientras bajaba por la calle principal.
Por un momento me dejé invadir por los recuerdos de otro tiempo, cuando era una niña de 8 años y me gustaba pasar allí los fines de semana, me acordé de mi abuelo, de mis bisabuelas Consuelo y Agustina, en fin, de tanta gente de la que formo parte.
Entonces me acerqué al paseo marítimo y empecé a caminar de vez en cuando para recrearme con las vistas, sacando alguna foto de vez en cuando, y dejando que los recuerdos volvieran a mí, casi como si cobraran vida.
Me acordé de los paseos que solía dar mi abuelo con su inseparable amigo Voldreu, con el que solía recorrer el paseo entero todos los días, por la mañana solía ir a bañarse, así que las tardes las dedicaba a pasear por el Candás de sus amores. Así que me quedé mirando al mar y casi podía verle allí, en una barquita de remos, guapo como él sólo. También me acordé de mi bisabuela Consuelo que solía pasear por el muro con su hermana Tata, de la que tan buenos recuerdos guardo, y de mi otra bisabuela Agustina, que tantos años pasó trabajando en la fábrica de pescados.

En fin, la historia de mi familia está muy ligada al mar Cantábrico, ese mar bravo de aguas frías que ha sido el sostén de tantas familias durante muchos años. Un sostén que se vio amenazado hace muy poco por el vertido, hoy todavía se podía ver a dos operarios limpiando la arena, si bien parece que poco a poco se va normalizando la situación.

Me sentí tan bien dando ese paseo que no me acordé de Internet, ni de nada más, me olvidé de actualizar mi perfil en Facebook, del de Twitter, y ni que decir tiene que tampoco me acordé de mi búsqueda activa de empleo, a la que pienso volver mañana con las pilas cargadas.
Me he sentido muy bien esta mañana, he vuelto a ser esa niña charlatana e inquieta de antaño, he vuelto a sentir las mismas ilusiones que un día tuve, y estoy segura que poco a poco todo irá volviendo a la normalidad, no hay mal que cien años dure, dice el refrán.

Mis seres queridos aunque ya no están me siguen inspirando, así que pasear por los mismos lugares que un día lo hicieron ellos me llena de fuerza para seguir adelante, no me pienso rendir porque se lo debo a ellos, que jamás lo hicieron. No pienso parar hasta encontrar mi sitio, y el día que llegue se lo pienso dedicar a ellos, quien sabe, quizá hasta me vean desde algún sitio y se alegren por mí.


Con estas vistas tan maravillosas cualquiera mejoraría su estado de ánimo