Hola a todos, me gustaría dedicar unos momentos en esta tarde lluviosa de domingo a reflexionar un poco sobre los acontecimientos de estos días. Creo que no hace falta ni que os diga sobre qué quiero reflexionar: sobre el movimiento #Metoo que nos ha impulsado a mostrar nuestro apoyo a una joven que seguramente en estos momentos lo estará pasando muy mal.
No le voy a dedicar demasiado tiempo a la sentencia, porque como me ha dicho mi chico, que es licenciado en derecho, no es firme ya que tenemos un sistema jurídico que prevé que se pueden producir errores, y tanto víctima como acusados tienen derecho a recurrir si no están de acuerdo con el fallo del tribunal. Está claro que este será el caso, así que hay que esperar a que se agote la vía de los recursos para ver lo qué realmente pasa.
De lo que sí me gustaría hablar es de la fuerza que ha tenido el movimiento #MeToo, que ha impulsado a muchas mujeres a perder el miedo y alzar la voz para denunciar la discriminación a la que la mujer ha estado sometida durante muchos años.
Las estructuras patriarcales han estado, y siguen estando, presentes durante muchos en nuestras vidas. Cuando tenía dieciséis años una mujer mayor que estudiaba música conmigo me dijo que yo era igual que "un hombrón" porque le dije que no sabía coser. Recuerdo que en aquel momento sentí dos cosas: por un lado indignación, ¿cómo era posible que esta señora me juzgase de esta manera?; sin embargo, otra parte de mí se sentía mal por no saber coser. Es evidente que el discurso patriarcal ya había hecho mella en mi personalidad, lo que hizo que me sintiese indignada y avergonzada a la vez.
Hoy conversando con otra mujer ya cercana a los setenta, he vuelto a sentir un poco de esa indignación que comencé a sentir con dieciséis años. Ella decía que no es lo mismo violación que asesinato, y que por tanto las penas deberían ser totalmente diferentes. No conozco el código penal, pero supongo que las penas sí serán distintas. Vivimos en un estado de derecho en el que se protegen los derechos constitucionales tanto de las víctimas como de los acusados. Luego comentó que a veces la gente se emborracha y comete errores, pero claro, de ahí a fastidiarle la vida a la gente por culpa del alcohol. En ese momento no he podido resistirme y he saltado: ¿conoces a alguna víctima de violación? Porque yo sí conozco a una y sé que su forma de ver la vida cambió para siempre el día en que la atacaron.
No quiero que entendáis esta entrada como un ataque contra quienes tienen esa forma de pensar, porque no lo es. Entiendo que hay mujeres que han sido adoctrinadas en el nacionalcatolicismo y les cuesta mucho entender el cambio que se ha producido al calor de este movimiento de hermandad entre mujeres que nos ha unido a todas las mujeres del mundo. Ellas también han sido víctimas de un discurso patriarcal que las ha sometido a sus leyes y las ha convertido en esclavas de unos ideales que por suerte las generaciones más jóvenes hemos dejado atrás, o al menos lo estamos intentando.
Hace casi trece años, que una buena amiga me confesó que había sido violada unos años atrás, cuando yo la conocí tenía veinte años recién cumplidos. Imaginaos que sois una adolescente inglesa de origen indio, que camina de regreso a casa a última hora de la tarde, después de un intenso día de clase en el instituto. Tal vez estéis pensando en algún examen pendiente, o en ese trabajo de literatura que debes terminar esa misma noche porque si no lo haces tu profesor escribirá un "no-presentado" en su cuaderno, y perderás una parte de tu nota. Entonces, de la nada aparece un individuo, no recuerdas su cara, tan solo que era más alto y más fuerte que tú, y que te obligó a hacer algo que tú no querías hacer. No recuerdas cómo comenzó, tan sólo recuerdas haber cerrado los ojos y haber rezado para que acabase pronto y poder volver viva a casa. Al final acaba y te das cuenta de que sigues viva, y sientes vergüenza, mucha vergüenza. Eres hindú, así que te han educado en una cultura patriarcal que culpabiliza a la mujer. Tu padre es una persona muy tradicional que siempre ha dicho que tu máxima aspiración en la vida es casarte con alguien de buena posición, y te ha conminado a mantenerte pura, porque de otra manera ningún pretendiente te aceptará. Lo que tu padre tanto temía acaba de suceder, y eso es lo que más te preocupa, que tu padre diga que ya no es pura y que por tanto ya no hay futuro para ti. Así que te secas las lágrimas y solo se lo cuentas a una de tus hermanas, quien te aconseja que no digas nada, porque si se llega a saber tus posibilidades de lograr un buen matrimonio se habrán esfumado. Así que eres víctima dos veces: eres la víctima de un ser abominable que te ha utilizado para satisfacer sus más bajos instintos, y por otro lado eres víctima de un sistema patriarcal que ha hecho recaer sobre ti toda la culpa de lo sucedido.
Y así sola te has sentido durante muchos años, hasta que un día detrás del mostrador en el que trabajas se lo cuentas a una compañera en la que confías y por la que sientes un cariño especial. Esa amiga soy yo y hoy cuento tu historia sin decir tu nombre para que todos entiendan lo que siente una víctima de violación. Por eso me da igual que hayas bebidos alcohol o que te hayas pasado con la marihuana o lo que sea. Cuando agredes sexualmente a una mujer cometes un crimen por el que debes responder ante la justicia.Tu víctima nunca volverá a ser la misma ya que las consecuencias de tu agresión la acompañarán y torturarán el resto de su vida. Tendrá pesadillas todas las noches y cada vez que se cruce con otro hombre por la calle sentirá miedo y pensará que lo sucedido se volverá a repetir. Revivirá la agresión una y otra vez en su mente durante años, puede que incluso toda su vida. Al igual que mi amiga cargará con un sentimiento de culpa y vergüenza que vivirá en soledad porque a veces hablar de lo que pasó es revivir de nuevo algo que desea olvidar, pero no puede, y posiblemente nunca podrá.
Creo que después de leer esta entrada todos entenderéis de que lado estoy.
Me gustan la música, la lectura, el cine y todas las artes en general.Últimamente estoy descubriendo mi propia voz, después de llevar años escuchando las de los demás antes que la mía
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domingo, 29 de abril de 2018
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Pau y yo
Este verano mientras pasaba unos
días de descanso en Ciudad Real supe que Benjamín Recacha, a quien sigo en las
redes sociales Facebook y Twitter, buscaba anfitriones para su libro: El viaje
de Pau, que estaba recorriendo diversos lugares de España para dar a conocer su historia. La idea de colaborar y acoger en mi casa a un libro viajero me pareció fascinante, por lo que enseguida me presenté voluntaria y tuve la suerte de salir elegida. El libro llegó a mis manos desde Valencia
aproximadamente hace un mes después de haber recorrido lugares tan diversos como
Lanzarote, Valencia, Llanera, entre otros muchas ciudades españolas. También había visitado infinidad de museos y
lugares de gran interés cultural como la casa de José Saramago en Lanzarote.
Cuando lo recibí en mi casa lo primero que me llamó la atención fue la cantidad
de recuerdos que acompañaban al libro, desde un ticket de metro, hasta un
pequeño libro de poesía que me pareció excepcional, “¡qué detalle tan
hermoso!”, pensé. Así que yo decidí que tenía que hacer algo parecido con el
libro. Se me ocurrían infinidad de lugares emblemáticos y de enorme belleza que podía visitar en compañía de Pau. Pensé que acudir con él a Deva, o a los Lagos de
Covadonga o de Somiedo, parajes de gran belleza. También podía haber realizado
la ruta Clariniana, que celebra la singular relación del gran escritor Clarín
con el concejo de Carreño, al que ya sabéis que estoy muy ligada.
Por desgracia a veces en la vida
surgen imprevistos y cuando el libro llegó a mis manos yo estaba trabajando a
tres turnos, por lo que no pude dedicar todo el tiempo que hubiese querido para
llevar a Pau de viaje por esos rincones de mi tierra que tanto me gustan. El
primer sitio que visitó conmigo Pau fue mi lugar de trabajo, ya que me acompañó
durante alguno de mis turnos. Allí le presenté a Pau a una de nuestras
supervisoras, que quedó francamente impresionada por la historia y me animó a
seguir apoyando a su autor. La noche de trabajo de ese turno se me hizo mucho
más llevadera con Pau y sus amigos. Entre llamada y llamada yo arañaba tiempo
para seguir leyendo una historia que me ha conmovido y me ha hecho reflexionar
mucho, prometo publicar una entrada próximamente con todo lo que este libro me
ha enseñado.
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| Pau y sus amigos me llevaron de viajeurante una de mis noches de trabajo por el hermoso valle de la Pineta |
Vosotros diréis que mi lugar de
trabajo no es un lugar muy hermoso para llevar a un invitado tan ilustre como
Pau, y tal vez no lo sea. Por ese motivo decidí que Pau debería conocer alguno
de esos lugares en los que yo me siento muy a gusto, y así decidí que debía
venir conmigo al parque de los Pericones. Normalmente suelo dar un paseo
alrededor del cementerio de Ceares donde reposan mis abuelos paternos Ana María
y Valeriano. Luego vuelvo a la parte más antigua del
parque desde donde se puede observar la ciudad hasta la zona de la Campa Torres , y allí siempre
encuentro algún rincón tranquilo para leer. La verdad es que la historia ya me
tenía enganchada y me quedé allí hasta
que prácticamente la terminé. Tan enfrascada estaba en la lectura que olvidé
sacarle una foto a Pau, algo que sé que su autor le habría gustado mucho, por lo que me temo que la foto que podéis ver aquí no es de ese día sino de otra ocasión.
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| Le mostré a Pau este precioso rincón de Gijón, al que procuro escaparme de vez en cuando en busca de tranquilidad |
La historia como ya os he dicho
antes me ha conmovido especialmente porque Pau en cierto modo me recuerda a mí,
que al igual que él me he pasado mucho tiempo intentando encontrar mi camino.
Yo también he tenido que realizar un largo viaje hasta comprender por fin quién
era y qué era lo que quería hacer en la vida. Yo encontré ese camino en la UNED , mientras que Pau lo
encontró en el hermoso valle de la
Pineta , lugar que espero conocer muy pronto.
El libro se quedó un poco más de
la cuenta en mi casa, ya que mi padre también se enganchó a la historia y no se
lo pude quita.. La semana pasada por fin Pau emprendió el viaje de regreso a casa cargado de recuerdos aportados por todas las personas que lo han acogido durante estos meses, y Benjamín lo relata así en su página web: http://benjaminrecacha.com/2014/09/23/el-libro-viajero-regresa-a-casa-cargado-de-recuerdos/http://benjaminrecacha.com/2014/09/23/el-libro-viajero-regresa-a-casa-cargado-de-recuerdos/
Pau es buen tipo del que he
aprendido mucho en estos días, os invito a que conozcáis a su autor Benjamín
Recacha a través de su sitio web: http://benjaminrecacha.com/, seguro que no os decepciona. Por cierto, sé
que ya tiene en marcha un nuevo libro, así que habrá que estar atentos.
Y para terminar quiero compartir con todos vosotros esta preciosa interpretación de la Aragonesa de Manuel de Falla, perteneciente a la obra "Cuatro piezas españolas", en homenaje a Pau y sus amigos que me han llevado de viaje por las tierras de Aragón.
jueves, 12 de septiembre de 2013
La discriminación que no cesa
Ser mujer es un orgullo, por lo
menos en mi caso, pero cuando miro a mi alrededor me doy cuenta de que a pesar
de todo lo que hemos avanzado aun queda mucho por hacer, y a veces me siento un
poco frustrada. No me refiero solo a la situación de la mujer en algunos
países, ya que también en nuestro país es habitual que muchas mujeres sufran
algún tipo de discriminación en sus puestos de trabajo.
No hace mucho tiempo me comentaba
una amiga que en su lugar de trabajo, una gran empresa reconocida a nivel mundial, que se jacta de respetar más que nadie los derechos de los trabajadores, las
mujeres que optan por reducir su jornada laboral para cuidar de sus hijos
sufren algún tipo de discriminación. Es más, contaba que a una de sus
compañeras le habían preguntado “amablemente” si podía renunciar a su reducción
de jornada, a lo que ella respondió que no, ya que deseaba seguir cuidando de
su hijo, la respuesta fue algo así como “atente a las consecuencias”. Triste
historia, ¿verdad?, pero por desgracia no es la única. Y alguien me ha
comentado que en alguna empresa las mujeres son aconsejadas que no tengan
hijos, porque si los tienen su trabajo se verá afectado y…, bueno ya sabéis lo
que pasará entonces, ¿verdad?
En cuanto a mi experiencia
personal os podría contar que no hace muchos años en una entrevista de trabajo
la entrevistadora preguntaba si tenía cargas familiares, no las tengo, pero si
las tuviera no sería de su incumbencia. Por supuesto mi estado civil es algo
que interesa bastante en los procesos de selección, si bien en la última
entrevista no salió a relucir, ¡menos mal!
Pero si hay algo que me tiene
enfadada y un poco desengañada, es lo complicado que resulta encontrar un
trabajo de media jornada para compaginarlo con mis estudios. No hay medias jornadas me comentaba hace poco una amiga, al menos no en grandes empresas, en ellas
todo el mundo espera que trabajes tus ocho horas diarias de rigor, y si tienes
que hacer horas extra debes tener toda la disposición del mundo para ellas. Si
estudias debes arreglártelas como puedas, para eso están las largas horas de la
noche, y desde luego no pidas horas para ir a los exámenes, que no vaya a ser
que algún compañero te tenga que sustituir unas horas y menudo lío.
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| ¿Por qué será tan difícil que se nos tenga en cuenta en el mercado laboral? |
"Image courtesy of Ambro / FreeDigitalPhotos.net".
No entiendo porqué en este país
no se considera un buen trabajador a quien decide reducir su jornada laboral
por los motivos que sea. En este país lo que nos sobran son personas que pasan
largas horas en sus puestos de trabajo a menudo leyendo el periódico, algo que
he visto con mis propios ojos en algún que otro organismo oficial o sindicato.
Soy mujer, tengo treinta y nueve
años y además soy estudiante, así que soy calvo de cultivo para que me
discriminen en todas partes, no debería ser así, ¿verdad?
Y para terminar os dejo con una pieza musical que a mí personalmente me gusta mucho: Lascia ch'io pianga de Haendel en la voz de la maravillosa Marita Solberg, espero que os guste.
sábado, 6 de julio de 2013
Paseando por la judería en Toledo
Estos últimos días han sido muy especiales para mí, ya que
los he pasado en La Mancha ,
la tierra donde el Hidalgo don Quijote de la Mancha vivió sus aventuras. Allí he pasado
momentos muy emocionantes caminando por las calles de Toledo, me he maravillado al pasear por las Tablas de
Daimiel, y he sentido que viajaba a los tiempos del siglo de oro al escuchar la
inconfundible voz de Fernando Fernán Gómez encarnando al mismísimo Lope de Vega
en el Corral de Comedias de Almagro. Por todas esas razones y muchas más, este
será un viaje que no olvidaré en mucho tiempo, y que seguro que repetiré
pronto, pues aun me quedan sitios por visitar, como las lagunas de Ruidera, y
me quedo con las ganas de asistir al Festival de teatro clásico de Almagro, que
dio comienzo justo el mismo día en que yo emprendía mi viaje de vuelta a
Asturias.
Han sido además los días en los que por fin han salido mis
notas, de las que puedo estar muy orgullosa porque el esfuerzo de este último
año ha dado fruto y puedo decir que ya estoy en segundo del grado, ¡con el
miedo que tenía al principio!
Me gustaría poder contaros muchas cosas, al estilo de mi
amiga María de Callejeando por el mundo, que nos lleva por los lugares que ella
ha recorrido haciéndonos sentir que estábamos allí con ella. Pero me temo que
no soy tan buena como ella, y que lo que mejor se me da es trasmitir las mismas
emociones que yo siento al visitar esos lugares con tanta historia.
En esta entrada me gustaría hablaros de la Sinagoga del Tránsito,
convertida hoy en el Museo Sefardí, precioso lugar lleno de historia, pero
también de llanto y desolación, de recuerdos y esperanzas de un pueblo al que
nuestra historia no trató como se merecía. Toledo, llamada la ciudad de las
tres culturas, es una joya en piedra que merece la pena visitar, por sus calles
convivieron en paz y armonía judíos, musulmanes y cristianos, hasta que un
edicto injusto de los Reyes Católicos puso punto y final a esta armónica
convivencia. El pueblo Sefardí se fragmentó entonces, algunos emigraron a
África, otros a Estambul y a otros lejanos lugares, pero jamás dejaron de amar su tierra, en la que
habían dejado todo lo que tenían y a la que tanto habían dado. En el museo
Sefardí su recuerdo permanece vivo, y al salir al jardín a las cinco de la
tarde escuchamos al herrero trabajando en su forja, a los niños jugando o
llorando, mientras suenan canciones sefardíes, que nos transportan a otro
tiempo, recordando así la historia de un pueblo que merece no caer en el
olvido. En Toledo se puede ver la huella dejada por los sefardíes no solo en la
sinagoga del Tránsito, sino también en Santa María la Blanca , hermosa joya en la
que me dejé impresionar por la historia del pueblo judío, plasmada en los
cuadros del hermano Abraham Kron. Todos
conocemos la historia de aquel judío errante que regresó un día a Toledo
portando la llave de la antigua casa familiar, que un día sus antepasados
dejaron entre lágrimas y que había sido guardada por varias generaciones de su
familia como el mayor de los tesoros. El judío se aproximó a la casa, y sacando
con emoción la llave se aproximó a la puerta, introdujo la llave en la
cerradura y la puerta se abrió, como si la casa hubiera estado esperando la
vuelta de sus antiguos moradores durante años. Todos sabemos que esto no es más
que una leyenda que simboliza la fidelidad de un pueblo hacia la tierra en la
que un día vivieron felices sus antepasados, y que a pesar del paso de los años
no han olvidado ni sus costumbres ni el idioma, que ha sido transmitido de
generación en generación. La huella del pueblo sefardí está muy viva en Toledo,
y no pude evitar sentir un poco de tristeza al pensar en lo injustos que hemos
sido como nación con este pueblo, a quien desterramos de manera injusta por sus
creencias.
Creo que todos los seres humanos somos iguales, nacemos
libres, y tenemos el mismo derecho a pisar el mismo trozo de tierra, no importa
las creencias que uno u otro tengamos, pues nadie posee la verdad absoluta. Así
mis creencias son válidas para mí, pero no para mi vecino, y yo no tengo ningún
derecho a imponerle las mías a nadie, del mismo modo que nadie tiene derecho a
imponerme las suyas. Y con este final me gustaría llamar a la reflexión a todas
esas personas que intentan en estos días imponernos sus puntos de vista sin
escuchar a nadie más.
Y para finalizar me gustaría dejaros con una pieza musical muy especial, la voz de Ana Alcaide nos recuerda el paso del pueblo Sefardí por esa hermosa ciudad que es Toledo, espero que os guste.
jueves, 27 de junio de 2013
Cien años de soledad
Hace poco tiempo, en una cena con las compañeras de la UNED, prometí que iba a leer Cien años de soledad inmediatamente, porque como bien decían mis amigas: "si no has leído cien años de soledad es como si no hubieras leído nada", bueno no recuerdo la frase exactamente, pero más o menos era eso.
Así que dos días más tarde me puse manos a la obra y empecé a leer la que es sin duda la gran novela de la literatura latinoamericana, y como no podía ser de otro modo me enganchó hasta tal punto que me robó el sueño, básicamente porque no era capaz de soltar el libro para ir a la cama, ¡cómo iba a abandonar yo las andanzas del coronel Aureliano Buendía!
Desde siempre me ha fascinado el realismo mágico de la novela latinoamericana, en la que me he sumergido muchas veces a través de las palabras de Isabel Allende, una de esas autoras que me fascinan. Pero debo reconocer que Gabo aquí se supera, construye unos personajes, que si bien son aparentemente irreales, su mágica pluma los convierte casi en seres de carne y hueso. Además el uso del lenguaje es tan exquisito y delicado, que no pude evitar deleitarme al leer cada línea de este maravilloso libro.
He buscado la piedra filosofal con Arcadio Buendía, al que he podido visualizar encadenado al castaño en el que acabará sus días. He salido junto a Úrsula Iguarán en búsqueda de José Arcadio, quien marchó con los gitanos, para volver después lleno de tatuajes. He muerto como Melquíades de fiebres en Singapur, para después volver de entre los muertos. He conocido a los diecisiete hijos del coronel Aureliano Buendía, quien ganó treinta y dos guerras, para después pasar sus días haciendo pescaditos de oro para luego volverlos a fundir.He vivido años de interminable lluvia que tiñeron de verde las casas de Macondo, para después ver morir a los pájaros de calor hasta que no quedó uno vivo en el pueblo. También he presagiado la caída de una olla, que parecía estable, y he conocido el destino final de una estirpe a través de los pergaminos de Melquíades, que escritos en sánscrito, afirman: "que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra".
Cien años de soledad me ha acompañado durante mis noches de insomnio y ha hecho más ameno el trayecto entre Ciudad Real y mi Asturias del alma, cautivándome sin remedio mientras me sumergía para siempre en el universo mágico de sus personajes, que a partir de ahora vivirán para siempre en mis sueños.
Y para poner el punto y final a esta entrada, que se ha teñido de la magia de los personajes de Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, he pensado en rendir un pequeño homenaje a otra gran artista latinoamericana: Frida Kahlo, así que os dejo con la preciosa banda sonora de la película narra su interesante vida.
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domingo, 16 de junio de 2013
Crónica de una cena anunciada
Ayer por fin después de muchos
días de estrés provocado por los inacabables exámenes, las chicas del Centro
Asociado de Gijón, fuimos de cena para celebrar que hemos superado nuestro
primer año en el Grado y no hemos muerto en el intento. Por motivos varios, al
final solo pudimos asistir tres, a saber: Virginia, Aida Suárez, y yo Noelia
Entrerríos.
Lo pasamos genial, hablamos un
poco de todo, pero claro, como no podía ser de otra manera, enseguida empezamos
a hablar de libros, todas nos derretimos con la literatura inglesa del SXIX,
así que esperamos como agua de mayo Literatura Inglesa II, con esos
maravillosos títulos: “Jane Eyre”, “Pride and Prejudice”, “Great Expectations” y
otras maravillas varias que nos esperan. El caso es que al final, no sé cómo,
acabamos hablando de series de televisión que no deberíamos perdernos, en esto
Virginia es la experta. Luego sí se trata de música, ahí estoy yo, tenéis que
ver la ópera Iolanta, esa maravillosa historia de una joven que no sabe que
vive en la oscuridad, porque no sabe que existe la luz, es ciega, pero ella no
lo sabe. Y Aida nos contó como eran sus viajes alrededor del mundo, cuando
trabajaba en una gran empresa, y por supuesto también habló de esos libros que
han marcado su vida, por algo somos estudiantes de filología inglesa, porque
nos encantan los libros. Entonces de repente, yo dejo caer que todavía no he leído “Cien años de soledad”, y estalla la tormenta: ¿Cómo?, ¡pero eso no es posible!, ya lo estás
leyendo, si no lees “Cien años de soledad” es que como si no hubieras leído
nada, es un clásico de la literatura en español, luego están El amor en los
tiempos del cólera, y varias obras
imprescindibles, pero esa la tienes que leer ya.
Así que he prometido que esta
misma tarde, aprovechando que hace buen tiempo, iré a leer al parque Cien Años
de Soledad, para no seguir en la oscuridad más absoluta.
Gracias chicas por esta velada
tan maravillosa, a las demás compis os esperamos para la próxima.
sábado, 1 de septiembre de 2012
Que no me cierren mis tiendas de siempre
Leyendo las noticias cada mañana nos encontramos a veces con
algunas que si bien parecen positivas a primera vista, tal vez no lo sean tanto
cuando las analizamos profundamente. Algo así es lo que ocurre con el decreto
para liberalizar los horarios comerciales y de rebajas, algo así a primera
vista parece positivo, piensas más puestos de trabajo, ya, ¿pero qué hay de los
pequeños comercios?, ¿podrán sobrevivir?.
La respuesta parece ser no, muchas de las tiendas de nuestro
barrio están regentadas por autónomos que echan horas y horas para poder al
menos sobrevivir, algunos incluso renuncian a las vacaciones, porque como decía
una hace poco tal y como están las cosas….En fin, parece claro que ellos no
podrán abrir todos los días, a menos que sólo se dediquen a trabajar sacrificando
sus vidas aún más, pero claro, ¿cuánto tiempo podrán aguantar ese ritmo?, poco,
creo yo.
No me malinterpreten, yo no me opongo a que se liberalicen
los horarios, pero creo que no se debería imponer esta medida, y desde luego
debería estudiarse concienzudamente antes de aplicarla, ya que de hacerlo mal
las consecuencias serán desastrosas.
En estos últimos tres años estoy cansada de ver tiendas
cerradas por mi ciudad, algunas de ellas llevaban abiertas desde mucho tiempo
antes de que yo naciera, algo que me causa una gran tristeza. Esas tiendas y
las personas que las regentaban formaban parte de la historia de mi ciudad,
¡cuantas historias nos podrían contar!, ¡cuanta gente no habrá pasado por
ellas!. Así que yo no puedo evitar sentirme un poco melancólica cuando veo esos
locales con tanta historia cerrados a cal y canto, no me parece justo, no debería
ser así, ¿por qué nadie hace nada para ayudar a esta gente?.
Ellos son los que dan vida al barrio, y no sólo porque
forman parte de él, ellos conocen a sus clientes por su nombre, nos ofrecen así
la atención más personalizada que se puede recibir, y saben de memoria lo que
les vamos a pedir, así que más fácil imposible. Personalmente yo prefiero
comprar la fruta a mi tendera de siempre, Bea, que es ya casi una amiga, si yo
le pido manzanas no pierde el tiempo preguntándome de qué tipo las quiero,
enseguida va a por las rojas que llevo siempre. En la carnicería mi amiga Visi
sabe de memoria el tipo de carne que quiero y cómo la quiero, incluso su marido
Santiago de vez en cuando me regala alguna que otra cosilla, porque dice que
soy su consentida, y la verdad, es que cuando entro en su local me siento igual
que una princesa.
Pero lo más sorprendente me sucedió hace unos días, resulta que en el mes de junio
entré en una pequeña tienda cerca de la
C /Uría, mientras me probaba las prendas que más me gustaban
me sorprendió una gran granizada, algo fuera de lo común. Así que la dueña de
la tienda, Eva,” me dijo quédate aquí conmigo hasta que pase, si quieres puedes
leer una revista para no aburrirte”, madre mía, en un centro comercial no me
tratarían así de bien, pensé. Pero lo más gracioso fue que hace unos días volví
a esa tienda para comprar un regalo para mi madre, y al mencionarle que ya había
pasado por la tienda, me contestó : “Sí, el día de la granizada”, madre mía si
se acordaba de mí y todo, me da igual que los centros comerciales abran a todas
horas, yo pienso seguir comprando en mis tiendas de siempre, no les pienso
dejar tirados, además con lo bien que me tratan, para que quiero más.
| Qué sería de mi ciudad sin la iglesia de San Pedro, lo mismo ocurre con mis tiendas, si cierran la ciudad se muere con ellas |
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