Llevo unos días muy duros, a
veces el dolor es tan punzante que parece que no lo voy a poder superar, no
puedo dejar de pensar en ella, y en lo mucho que la voy a echar de menos
durante el resto de mi vida. Es normal, es un proceso de duelo, y lleva su tiempo,
así que eso es todo lo que necesito: tiempo, y poco a poco me iré sintiendo
mejor, y el dolor dará paso a los recuerdos, que son tantos y tan buenos, que
más tarde o más temprano la sonrisa volverá a aparecer en mi rostro.
Es muy complicado enfrentarse al
duelo, por lo menos eso es lo que me parece, y no hay consejo alguno que sirva
a la hora de afrontarlo, pues cada ser humano lo vive de una manera diferente.
Hay quien lo vive en silencio, otros lloramos desconsoladamente todo lo que nos
hace falta, y tan solo el tiempo logrará curar lo que sentimos. Lo que sí
funciona es buscar algo en lo que centrarnos, trabajo, amigos, estudios, este
es mi caso. Me encierro con mis libros, para concentrarme en otra cosa, y ahora
que los exámenes están a la vuelta de la esquina serán la ayuda que necesito
para ir asumiendo mi tristeza, y poco a poco se irá disipando, aunque el vació
siempre estará ahí.
Entonces vuelvo de nuevo a la
literatura inglesa, y lo paso fatal leyendo la Duquesa de Malfi, trágica
historia en la que una mujer viuda, es asesinada por orden de sus hermanos que
no desean que vuelva a contraer matrimonio, las escenas finales son terribles,
y yo que pensaba que ya había demasiado tragedia en mi vida. Sigo con la
lingüística, ahora parece que ya le voy cogiendo el truco, menos mal. También
llegan las notas de mis PEC, que de momento son muy buenas, a ver si consigo
mantener el ritmo para el examen, que tengo que dedicar muy buenas notas a
quienes me cuidan desde alguna nube.
Entonces cuando me doy cuenta de
todo lo que he cambiado en este año, sonrío, yo soy la chica que se fue a
Londres a la aventura, se volvió con un montón de amigos, y además el First y
el Advanced. Que pasé muchas noches sin dormir en un hotel, noches en las que
devoró toda suerte de libros. También soy la que siempre está ayudando a sus
compañeros, la que siempre escucha las penas de los demás, la que cogía de la
mano a su abuelita anciana, que me decía adiós desde su ventana, sentada en su
sillita.
Soy muy afortunada, provengo de
una gran familia de grandes seres humanos, me han dejado mucho más que unos
buenos recuerdos, me han dejado el coraje para seguir adelante en tiempos
revueltos, para volver a levantarme cuando tropiezo y me caigo. Ahora mismo
estoy un pasando un mal momento pero sé que pasará, y me volveré a levantar,
ese día miraré al cielo y lanzaré un par de besos muy grandes, seguro que mis
abuelos los recogen al vuelo, porque ellos son mi guía, mis héroes. Yo no
necesito ídolos con los pies de barro, tengo auténticos héroes en mi familia, y
con esa genética, seguro que pronto volveré a ser la chica que descubre su voz
en lugar de su llanto.
Decían los romanos que los
antepasados muertos eran sus dioses, y los llamaban los manes, yo no sé si será
así, pero sí que sé que la presencia de mis abuelos no me abandonará jamás,
entre otras cosas porque yo soy parte de ellos, y espero haber heredado mucho
de ellos.
Desde este blog me gustaría dar
las gracias a todos los amigos de la comunidad virtual, me estáis dando tanto
apoyo moral y los abrazos virtuales han sido tan cálidos que me he sentido
realmente arropada por todos vosotros. Así que muchas gracias a Lidia, que le
faltó tiempo para escribirme, a Mary Mar por su apoyo, a Emma, que además
siempre me llama princesa, a Esther, que siempre está ahí con sus cariñosos
comentarios, a Laura, que además comparte mi tristeza porque ella también la
tiene cercana, y a todos vosotros. También a
mi amiga Ana Belén, que desde Menorca me he envío un cálido y fuerte
abrazo, y a mis amigas Elena y Mercedes, también a Javier, por estar conmigo
aquella triste tarde en Candás. Y tampoco me quiero olvidar de mi tía Mary y de
mi prima Ana Belén, que dejaron atrás viejas rencillas para acompañarnos,
muchas gracias de corazón. Y también a Natalia, que ayer dedicó casi una hora de la tutoría a escuchar mis penas, y eso se agradece mucho, gracias Natalia, ¿qué haríamos nosotros sin ti?
La vida sigue y aunque la
tristeza todavía tardará un poco en disiparse, no quiero permitir que se
apodere de mi vida, y sí que quiero disfrutar de tantos buenos recuerdos, que
dan para un libro y mucho más.
Y para terminar os dejo con una
hermosa pieza de Réquiem, El Pie Jesu de la misa de Réquiem de Andrew Lloyd
Webber, interpretada con esa gran soprano que es Anna Netrebko, sin duda una
pieza muy hermosa para que mis abuelos la escuchen desde alguna de esas nubes
de algodón que penden sobre nuestras cabezas.




