Hace un par de días mientras
recogía la cocina después de la cena puse La 2, me encantan sus reportajes,
especialmente los de viajes, ¡se puede aprender tanto con ellos! Sin embargo en
esta ocasión el reportaje versaba sobre pederastas occidentales en países de
Asia, concretamente en Camboya, aunque también hablaron de Kenia, donde
desgraciadamente también se empiezan a dar muchos casos.
Los niños en estos países son
doblemente víctimas, en primer lugar de la pobreza más absoluta, y en segundo
lugar de estos seres repugnantes que se aprovechan de la miseria de reinante en
estos países para satisfacer sus más que despreciables instintos.
Las familias de estos niños no
ven nada malo en esto, venden a sus hijos para poder dar de comer a sus
familias, incluso ven con malos ojos a las ONGs que tratan de rescatar a sus
hijos de los brazos de estos desaprensivos. Era descorazonador ver como las
propias familias se enfrentaban a los reporteros que intentaba hacerles ver lo
horrible de esta situación. “El niño puede ir a la escuela, y yo tengo dinero
para comprar comida para el resto de mis niños, ¿qué hay de malo en eso?,
preguntaban.
Me habría gustado responder que
hay mucho de malo en eso, no puedo entender que alguien venda a sus hijos, causándoles
un sufrimiento que probablemente les acompañará durante el resto de sus vidas
por unas míseras monedas.
Los niños deben ser niños, tienen los mismos derechos en todas partes, o al menos así debería ser, no son mercancía, son seres humanos, un poco más bajitos, pero seres humanos. Deberían ir a la escuela, jugar, reír, pero sobre todo deberían conservar la inocencia durante muchos años, lástima que a tantos pequeños se la arrebaten de la peor de las maneras.
Los niños deben ser niños, tienen los mismos derechos en todas partes, o al menos así debería ser, no son mercancía, son seres humanos, un poco más bajitos, pero seres humanos. Deberían ir a la escuela, jugar, reír, pero sobre todo deberían conservar la inocencia durante muchos años, lástima que a tantos pequeños se la arrebaten de la peor de las maneras.
Pero no puedo olvidar que los
verdaderos culpables son los que abusan,
esos seres abyectos y despreciables que viajan a países pobres para poder hacer
a su antojo con total impunidad. No hay más deplorable que hacer daño un niño, robarle
la inocencia y marcarle para siempre con el dolor de algo que no pudo evitar. El
peso de la ley debería caer sobre estas personas con toda la fuerza del mundo,
no deberían ni ver la luz del sol, pues no merecen nada. Son mentes retorcidas
a las que por desgracia ni las autoridades intentan poner freno, ya que en
muchas ocasiones tienen comprados a los propios jueces, ¡que injusticia!
Hace unos días, concretamente el
23 de septiembre se celebró el Día Internacional contra la explotación sexual
de los niños, debería haber escrito este post entonces, así que aquí os lo dejo
con un poco de retraso, espero que sirva para algo.
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