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domingo, 13 de octubre de 2013

Un paseo por Candás para charlar con la tía Fernanda

Una de mis amigas de Parejas orientadoras para la búsqueda de empleo, Rosa, se ha convertido en la intrépida reportera de esta iniciativa, y yo como soy muy osada, he decidido que voy a ser la primera entrevistada. El caso es que Rosa necesitaba que le enviase una larga carta explicándole como soy y cuales son mis objetivos, y lo hice, pero me da la sensación de que faltaba algo, ¿sabéis qué? Pues una foto chula que ilustre no solo mi talento y mi ilusión sino también mis ganas de salir adelante, y mi optimismo, algo que tengo mucho en común con Rosa, que se ríe de todo y yo creo que no se disgusta por nada nunca, ¿me equivoco Rosa?

Así que ayer convencí a un amigo para que me hiciese alguna foto, con una me bastaba, pero él que es muy considerado decidió que tenía que sacar muchas para que yo escogiese la mejor. Ya me había hecho unas cuantas hace unos días en Gijón, pero el hombre pensó que yo no había quedado contenta, algo le había comentado de mi pelo, ya sabéis las chicas cuando tenemos “a bad hair day”, no queremos ni salir de casa. Así que nos plantamos en Candás, y como yo de este buen amigo, a veces abuso un poco, lo convencí para que me llevara al cementerio, donde reposan mis abuelos, bisabuelos y tatarabuelos. Os parecerá una barbaridad, anda que no habrá sitios mejores para visitar en Candás, pero a mí me apetecía visitar a mis abuelos después de la boda de mi hermana. Se les echó mucho de menos ese día, como os podréis imaginar, además, mi hermana decidió que su ramo de novia debía ser para ellos, y yo quería verlo antes de que terminase de marchitarse. Así que mi amigo ni corto ni perezoso me llevó hasta el cementerio, y se quedó impresionado con las vistas, quizá las mejores de todo el pueblo, lástima que quienes ahí reposan no puedan verlas.
Después fuimos hasta San Antonio, donde tanto enredé de pequeña, allí jugué al tenis en sus canchas, bueno, para ser exactos, corría con la raqueta en la mano y de vez en cuando le daba a la pelota. También jugábamos al baloncesto o a lo que se terciase, comíamos en familia, y cuando estábamos hartos de tanto sol íbamos a la playa a darnos un baño. Muy cerca en el Nodo estaba la antigua casa de mis abuelos, desde la que veíamos el mar desde cualquier ventana. Desgraciadamente, ahora está todo vallado, y no hay manera de acceder ni a las canchas deportivas donde tanto jugué, ni a los soportales del instituto donde también enredé alguna que otra vez, como dice mi amigo: “están siendo muy poco considerados con tus recuerdos de infancia”. Así es, pero no me los podrán quitar, siempre los recordaré y eso ya es mucho, ¿verdad?
Pudimos pasear hasta el Faro de Candás por la senda, menos mal que por lo menos eso no me lo han quitado, y de camino me hizo esta estupenda foto, ¿qué os parece?
No os podéis imaginar la de recuerdos que tengo atesorados
en mi memoria de este precioso lugar


Y después decidimos ir a dar un paseo por el pueblo donde le hice un poco de guía turístico, eso sí, explicándole mi historia familiar y mi vinculación con cada rincón de ese maravilloso pueblo marinero. Y cuando estábamos dando la última vuelta por el pueblo nos encontramos a  la tía Fernanda, tía de mi madre, que es una mujer llena de vitalidad y energía. En cuanto la llamé vino corriendo a darme un beso y un abrazo muy grandes, y claro, ella que tantas ganas tiene de verme casada, ¡pobrecita! , no pudo evitar hablarle al muchacho como si fuese mi novio. Solo somos amigos, respondimos los dos a la vez, “ah, bueno”, dijo ella, “si no estáis muy enamorados, para casarse y separarse a los cuatro días, val más que no lo hagáis”. Perdonad que incluya esa expresión tan asturiana aquí. Entonces ella nos arrolló a los dos con su simpatía y alegría, ella estuve sesenta y cinco años casada, y por supuesto que hubo momentos buenos  y otros no tanto, pero se quisieron y tiraron para adelante. Y cuando llegaron a las bodas de oro, a las que ella pensó que igual no llegaban, lo celebraron por todo lo alto, invitando a todos los sobrinos de los dos lados, porque como ella dice nos quiere a todos por igual. Nos animó a disfrutar de la vida y de la juventud, que se marcha rápido, pero sobre todo si hay algo que quiere Fernanda es que le demos mucho amor, y de eso os puedo asegurar que no le falta, tiene 32 sobrinos nietos, y todos queremos a esta gran mujer con locura. Por cierto, que no os lo había contado, ¿sabéis quién fue la que más bailó en la boda?, pues Fernanda, ¿queréis saber cuántos años tiene?....nada más y nada menos que ochenta y ocho, y que le quiten lo bailao y que siga bailando muchos años más.

Yo cuando sea mayor quiero ser como Fernanda, el ejemplo y la ilusión ya lo tengo, ¿verdad? Además, al igual que ella yo soy de las que no se rinden, así que seguiré luchando por mis sueños.

Y para terminar os dejo con una de esas piezas de música que me sirven de inspiración, que por cierto, sonó muy bien en la boda de mi hermana la Cantata 147 de Bach, espero que os guste.


jueves, 28 de junio de 2012

Sobre el vertido de Carreño


La playa de Candás el pasado domingo, hoy está cerrada por el vertido

El pasado domingo estuve disfrutando de un día de sol en la playa de La Palmera en Candás, cuando me bañaba en la mar, que estaba preciosa, recordé mis años de infancia jugando en la orilla. Los paseos por el muelle con mi familia, y también eché mucho de menos a mi abuelo Agustín, quien solía pasear por el muro todos los días, y siempre que podía bajaba a bañarse, incluso llegué a mirar al muro a ver si le veía pasar.

Mi abuelo lleva veinte años sin poder pasear por la playa de sus amores, y durante estos años no he dejado de echarle de menos un solo día, hoy que veo esa playa arrasada por el fuel no puedo evitar sentirme triste, siento que están acabando con todos mis recuerdos de infancia.

Para algunas personas el vertido no ha sido tan grave, hay incluso quien se atreve a decir que son los medios de comunicación los que están exagerando la situación, pero todos hemos visto las imágenes, están ahí, y lo que vemos es una mancha enorme en el mar. El aspecto no puede ser más desolador, las rocas están negras, la arena está horriblemente sucia, y el olor cuentan los que pasean a menudo por la zona es insoportable, por supuesto que es grave. Las playas están cerradas al baño, algo que sin duda perjudicará al sector turístico, si se ha ido hasta el camión de los helados, ¡cómo puede haber gente que diga que no es para tanto!.

Nos han robado el verano, y quien sabe si no nos habrán robado el resto de veranos, porque el impacto del vertido por pequeño que haya sido tardará años en ser superado. La playa de los veranos de mi infancia tiene un aspecto triste y sucio, está sola sin niños gritando en la orilla, ni familias enteras charlando de futbol, y todo se lo debemos a una tubería rota en la Térmica de Aboño, algo que sin duda se habría evitado si la empresa hubiera velado adecuadamente por la seguridad de sus instalaciones, pero evidentemente no lo hizo,¡ a saber en qué condiciones estaba esa tubería ¡.
Hoy ya es tarde, la costa del hermoso concejo de Carreño está contaminada y no sirven de nada las disculpas, ya está hecho, y quien sabe sí se podrá reparar.

Candás es el lugar donde mi abuelo paseaba todos los días, mi bisabuela Agustina trabajó en sus fábricas y mi tatarabuelo “Sagasta” trabajó como carpintero del “Carreño”. También es el lugar donde pasé algunos de los mejores momentos de mi infancia, hoy todo eso ha quedado atrás, la gran mayoría de esas personas ya no están, y todos sus recuerdos han sido arrastrados por una mancha horrible que sólo deja lugar a la tristeza.

Espero que no vuelva a ocurrir, como decían nuestros amigos los gallegos “Nunca Mais”, pero parece que el ser humano no aprende y la historia una vez más se vuelve a repetir, ¿volverá a ocurrir?, ¡quien sabe!. Mientras tanto tendré en la memoria la imagen de la playa llena de gente del pasado domingo, al menos eso no me lo podrán quitar, y no sólo por las fotos que saqué.