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viernes, 4 de octubre de 2013

Sueños enterrados en el mar

Estos días andamos frenéticos en casa, mañana por fin se celebra la boda de mi hermana María, así que andamos de aquí para allá con todos los preparativos, y un montón de prisas. Son unos días bastante alocados, así que no doy abasto y encuentro poco tiempo para escribir sobre esas cosas que me preocupan, pero he aquí, que ayer sucedió algo terrible en la costa italiana, frente a la isla de Lampedusa. Una vez más el mar se ha cobrado la vida de cientos de personas, que salieron de África en una precaria embarcación buscando una vida mejor en esta Europa decadente.

Estas personas tenían sueños como todos nosotros, soñaban con tener un trabajo que les rentase algo más que un dólar al mes para dar de comer a sus familias. Soñaban con tener casa propia, y una vida mejor. Nadie les habló de crisis económica en Europa, ni de las terribles cifras de paro que tenemos en España o en Italia. Tampoco les hablaron de rescate a la banca, ni de austeridad económica. No, tan solo les hablaron de una vida mejor, de un lugar en el que los sueños se podían hacer realidad, de un lugar lleno de oportunidades y de comodidades, que tal vez ellos ni siquiera sabían que existían. Tal vez pagaron un precio exorbitado por un billete hacia el paraíso, que finalmente terminó siendo un billete hacia la muerte. Y así sus sueños quedaron para siempre enterrados entre las olas y la espuma del mar.

Mientras nosotros nos lamentamos por la recesión económica, que no nos permite comprarnos el último grito en moda, o que no nos deja presumir de coche de alta gama, otras personas tan solo sueñan con una vida digna. Vivimos en un mundo muy globalizado, en el que los pobres no tienen nada, casi ni derecho a existir, y los ricos son muy ricos. El reparto de la riqueza se hace de manera tan desigual que a mi me da vergüenza quejarme, ¡si tengo todo lo necesario para vivir!, ¡qué más quiero!

Vivimos en un mundo en el que el pez grande se come al chico, en otras palabras, para que pueda haber ricos tiene que haber muchos pobres. En países de África es habitual que las grandes terratenientes acaparen las tierras que antes trabajaban los agricultores locales, de esta manera las familias pierden su único sustento, así también pierden la esperanza de tener una vida digna. La necesidad obliga, y cuando alguien lo ha perdido todo, o mejor dicho, le han arrebatado todo, debe salir a buscar el pan para sus hijos donde sea, por este motivo nuestros mares se están llenando de pateras cargadas de sueños, que a menudo naufragan, dejando así miles de sueños enterrados en el mar.


Me gusta mirar al mar, pero a veces no puedo evitar de tantas
personas que un día dejaron su vida en él Foto Gratis 
Entro en la habitación de mis padres y veo el vestido de novia de mi hermana colgado de la barra de la cortina. Mañana será un día de fiesta para nuestras familias, será el comienzo de una nueva vida cargada de sueños y de ilusiones. Entonces no puedo evitar suspirar al recordar tantos sueños enterrados en el mar.

Y para despedirme os regalo una de esas piezas musicales que tanto me gustan. Una maravillosa Letanía de Schubert en la voz de la gran Lucía Popp, en recuerdo de tantas almas inocentes que un día soñaron con una vida mejor.





lunes, 24 de septiembre de 2012

Un fin de semana tranquilo por Candás


Este fin de semana lo he pasado en Candás, un pueblo precioso de fuerte tradición marinera, al que estoy muy vinculada, ya que mi madre nació allí, y de pequeña pasé algunos de los mejores momentos de mi infancia corriendo por sus calles. Ha sido un fin de semana tranquilo, sin Internet, sin televisión por cable, aferrada a mis libros que siempre me acompañan en los momentos de tranquilidad y calma, pero sobre todo haciendo compañía a la abuela.

Esta mañana aprovechando que el sol brillaba con ganas salí a dar un paseo por el pueblo, aún había gente en las terrazas, y las tiendas estaban abiertas, así que me entretuve mirando los escaparates, mientras bajaba por la calle principal.
Por un momento me dejé invadir por los recuerdos de otro tiempo, cuando era una niña de 8 años y me gustaba pasar allí los fines de semana, me acordé de mi abuelo, de mis bisabuelas Consuelo y Agustina, en fin, de tanta gente de la que formo parte.
Entonces me acerqué al paseo marítimo y empecé a caminar de vez en cuando para recrearme con las vistas, sacando alguna foto de vez en cuando, y dejando que los recuerdos volvieran a mí, casi como si cobraran vida.
Me acordé de los paseos que solía dar mi abuelo con su inseparable amigo Voldreu, con el que solía recorrer el paseo entero todos los días, por la mañana solía ir a bañarse, así que las tardes las dedicaba a pasear por el Candás de sus amores. Así que me quedé mirando al mar y casi podía verle allí, en una barquita de remos, guapo como él sólo. También me acordé de mi bisabuela Consuelo que solía pasear por el muro con su hermana Tata, de la que tan buenos recuerdos guardo, y de mi otra bisabuela Agustina, que tantos años pasó trabajando en la fábrica de pescados.

En fin, la historia de mi familia está muy ligada al mar Cantábrico, ese mar bravo de aguas frías que ha sido el sostén de tantas familias durante muchos años. Un sostén que se vio amenazado hace muy poco por el vertido, hoy todavía se podía ver a dos operarios limpiando la arena, si bien parece que poco a poco se va normalizando la situación.

Me sentí tan bien dando ese paseo que no me acordé de Internet, ni de nada más, me olvidé de actualizar mi perfil en Facebook, del de Twitter, y ni que decir tiene que tampoco me acordé de mi búsqueda activa de empleo, a la que pienso volver mañana con las pilas cargadas.
Me he sentido muy bien esta mañana, he vuelto a ser esa niña charlatana e inquieta de antaño, he vuelto a sentir las mismas ilusiones que un día tuve, y estoy segura que poco a poco todo irá volviendo a la normalidad, no hay mal que cien años dure, dice el refrán.

Mis seres queridos aunque ya no están me siguen inspirando, así que pasear por los mismos lugares que un día lo hicieron ellos me llena de fuerza para seguir adelante, no me pienso rendir porque se lo debo a ellos, que jamás lo hicieron. No pienso parar hasta encontrar mi sitio, y el día que llegue se lo pienso dedicar a ellos, quien sabe, quizá hasta me vean desde algún sitio y se alegren por mí.


Con estas vistas tan maravillosas cualquiera mejoraría su estado de ánimo