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viernes, 12 de octubre de 2018

"Yo soy el color vibrante de la libertad"

Hoy 12 de octubre es un día muy especial en nuestro país, sin embargo, yo quiero hablaros de ayer 11 de octubre, fecha en la que se celebra el Día internacional de la niña. Una fecha que debería ser tan importante que el día de la hispanidad, porque las niñas de hoy serán las mujeres del mañana y para ellas debemos construir una sociedad libre de prejuicios, discriminación o violencia. Ayer no tuve tiempo para escribir sobre lo que representa este día para mí debido al trabajo y otras ocupaciones que se llevan una buena parte de mi tiempo. 

Hace algo menos de un mes empecé a trabajar en una academia de inglés aquí en Mérida. Trabajo con niños de entre cuatro y once años, ¡todo un reto! Trabajar con los más pequeños es muy gratificante, pero exige una gran motivación y mucho mucho esfuerzo para conseguir captar su atención y motivarles para que aprendan a través de juegos y canciones. Son muy pequeños, y aún no saben de discriminación por razón de sexo, violencia de género o techos de cristal. Cuando estoy rodeada de estos pequeños me siento feliz y pienso en lo hermoso que sería si pudieran conservar algo de su inocencia para la vida adulta. El miércoles les veía jugar en nuestro pequeño parque y pude observar que tanto niños como niñas disfrutaban del mismo juego: policías y ladrones. Las niñas eran policías y uno de los niños era el ladrón. Me sentí feliz al darme cuenta de que tal vez esta generación de niños y niñas  conseguirá superar los roles de género que tradicionalmente se nos han asignado a hombres y mujeres. 

Pero hoy he leído un artículo en El Comercio y no he podido evitar sentir tristeza otra vez por todas esas otras niñas que no han tenido la misma suerte que las pequeñas que anteayer jugaban a policías y ladrones. Nice  Nailantei Leng'ete es una mujer que ha escapado dos veces a la mutilación genital femenina, un horror del que ya os he hablado en otras ocasiones. Cuenta en el artículo que os he mencionado, que ha visto a niñas morir tras haber sido sometidas a una ablación. Además, menciona algo que por desgracia sigue siendo muy frecuente como es el matrimonio infantil. De esta manera muchas niñas son doblemente víctimas, ya que son forzadas a casarse poco tiempo después de pasar por esta traumática experiencia. Se les roba el derecho a seguir viviendo su infancia, a ser dueñas de sus propias vidas y, por qué no decirlo, se les priva del derecho a vivir una sexualidad plena. Tampoco podemos olvidarnos del derecho a la educación que también se reivindica en este artículo, ya que sirve para empoderar a las mujeres en general, pero muy especialmente a todas esas niñas que se encuentran en situaciones muy vulnerables. 
Creo que el Día internacional de la niña debería celebrarse en los colegios, igual que celebramos el día la paz, con diferentes actividades. De esta manera tanto niños como niñas aprenderían a ser conscientes de la realidad de otras personas en otros lugares y,  podremos enseñarles a cooperar para afrontar y vencer las desigualdades de género. Así los niños y niñas que juegan juntos a policías y ladrones vivirán en una sociedad libre de prejuicios y desigualdades sociales. 
Os invito a ver un vídeo de UNICEF que sirve de punto de partida para una campaña de emponderamiento de las niñas. Me gustaría destacar una frase de este vídeo: "Yo soy el color vibrante de la libertad". Espero que esa frase sea pronto una realidad para todas las niñas del mundo. 

domingo, 29 de abril de 2018

Algo que desea olvidar, pero no puede

Hola a todos, me gustaría dedicar unos momentos en esta tarde lluviosa de domingo a reflexionar un poco sobre los acontecimientos de estos días. Creo que no hace falta ni que os diga sobre qué quiero reflexionar: sobre el movimiento #Metoo  que nos ha impulsado a mostrar nuestro apoyo a una joven que seguramente en estos momentos lo estará pasando muy mal.
No le voy a dedicar demasiado tiempo a la sentencia, porque como me ha dicho mi chico, que es licenciado en derecho, no es firme ya que tenemos un sistema jurídico que prevé que se pueden producir errores, y tanto víctima como acusados tienen derecho a recurrir si no están de acuerdo con el fallo del tribunal. Está claro que este será el caso, así que hay que esperar a que se agote la vía de los recursos para ver lo qué realmente pasa.
De lo que sí me gustaría hablar es de la fuerza que ha tenido el movimiento #MeToo, que ha impulsado a muchas mujeres a perder el miedo y alzar la voz para denunciar la discriminación a la que la mujer ha estado sometida durante muchos años.
Las estructuras patriarcales han estado, y siguen estando, presentes durante muchos en nuestras vidas. Cuando tenía dieciséis años una mujer mayor que estudiaba música conmigo me dijo que yo era igual que "un hombrón" porque le dije que no sabía coser. Recuerdo que en aquel momento sentí dos cosas: por un lado indignación, ¿cómo era posible que esta señora me juzgase de esta manera?; sin embargo, otra parte de mí se sentía mal por no saber coser. Es evidente que el discurso patriarcal ya había hecho mella en mi personalidad, lo que hizo que me sintiese indignada y avergonzada a la vez.
Hoy conversando con otra mujer ya cercana a los setenta, he vuelto a sentir un poco de esa indignación que comencé a sentir con dieciséis años. Ella decía que no es lo mismo violación que asesinato, y que por tanto las penas deberían ser totalmente diferentes. No conozco el código penal, pero supongo que las penas sí serán distintas. Vivimos en un estado de derecho en el que se protegen los derechos constitucionales tanto de las víctimas como de los acusados. Luego comentó que a veces la gente se emborracha y comete errores, pero claro, de ahí a fastidiarle la vida a la gente por culpa del alcohol. En ese momento no he podido resistirme y he saltado: ¿conoces a alguna víctima de violación? Porque yo sí conozco a una y sé que su forma de ver la vida cambió para siempre el día en que la atacaron.
No quiero que entendáis esta entrada como un ataque contra quienes tienen esa forma de pensar, porque no lo es. Entiendo que hay mujeres que han sido adoctrinadas en el nacionalcatolicismo y les cuesta mucho entender el cambio que se ha producido al calor de este movimiento de hermandad entre mujeres que nos ha unido a todas las mujeres del mundo. Ellas también han sido víctimas de un discurso patriarcal que las ha sometido a sus leyes y las ha convertido en esclavas de unos ideales que por suerte las generaciones más jóvenes hemos dejado atrás, o al menos lo estamos intentando. 

Hace casi trece años, que una buena amiga me confesó que había sido violada unos años atrás, cuando yo la conocí tenía veinte años recién cumplidos. Imaginaos que sois una adolescente inglesa de origen indio, que camina de regreso a casa a última hora de la tarde, después de un intenso día de clase en el instituto. Tal vez estéis pensando en algún examen pendiente, o en ese trabajo de literatura que debes terminar esa misma noche porque si no lo haces tu profesor escribirá un "no-presentado" en su cuaderno, y perderás una parte de tu nota. Entonces, de la nada aparece un individuo, no recuerdas su cara, tan solo que era más alto y más fuerte que tú, y que te obligó a hacer algo que tú no querías hacer. No recuerdas cómo comenzó, tan sólo recuerdas haber cerrado los ojos y haber rezado para que acabase pronto y poder volver viva a casa. Al final acaba y te das cuenta de que sigues viva, y sientes vergüenza, mucha vergüenza. Eres hindú, así que te han educado en una cultura patriarcal que culpabiliza a la mujer. Tu padre es una persona muy tradicional que siempre ha dicho que tu máxima aspiración en la vida es casarte con alguien de buena posición, y te ha conminado a mantenerte pura, porque de otra manera ningún pretendiente te aceptará. Lo que tu padre tanto temía acaba de suceder,  y eso es lo que más te preocupa, que tu padre diga que ya no es pura y que por tanto ya no hay futuro para ti. Así que te secas las lágrimas y solo se lo cuentas a una de tus hermanas, quien te aconseja que no digas nada, porque si se llega a saber tus posibilidades de lograr un buen matrimonio se habrán esfumado. Así que eres víctima dos veces: eres la víctima de un ser abominable que te ha utilizado para satisfacer sus más bajos instintos, y por otro lado eres víctima de un sistema patriarcal que ha hecho recaer sobre ti toda la culpa de lo sucedido. 
Y así sola te has sentido durante muchos años, hasta que un día detrás del mostrador en el que trabajas se lo cuentas a una compañera en la que confías y por la que sientes un cariño especial. Esa amiga soy yo y hoy cuento tu historia sin decir tu nombre para que todos entiendan lo que siente una víctima de violación. Por eso me da igual que hayas bebidos alcohol o que te hayas pasado con la marihuana o lo que sea. Cuando agredes sexualmente a una mujer cometes un crimen por el que debes responder ante la justicia.Tu víctima nunca volverá a ser la misma ya que las consecuencias de tu agresión la acompañarán y torturarán el resto de su vida. Tendrá pesadillas todas las noches y cada vez que se cruce con otro hombre por la calle sentirá miedo y pensará que lo sucedido se volverá a repetir. Revivirá la agresión una y otra vez en su mente durante años, puede que incluso toda su vida. Al igual que mi amiga cargará con un sentimiento de culpa y vergüenza que vivirá en soledad porque a veces hablar de lo que pasó es revivir de nuevo algo que desea olvidar, pero no puede, y posiblemente nunca podrá.
Creo que después de leer esta entrada todos entenderéis de que lado estoy.