Estos días estamos disfrutando de
un tiempo maravilloso en Asturias, parece que este año la semana santa no
quiere estar pasada por agua, y así estamos disfrutando de un tiempo
maravilloso. Para muchas personas la semana santa es el momento en el que dan muestra
de su fe en las numerosas procesiones que se dan cita en nuestro país. Como
todos sabéis soy mitad candasina por parte de madre, y en estas fechas si hay
algo que mi pueblo vive con verdadera emoción popular es la salve marinera.
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| El puerto de Candás, donde he vivido momentos preciosos |
La salve marinera es una
tradición de muchas generaciones, cuando yo era pequeña siempre iba acompañada
de mis padres y mis abuelos a escucharla.
La portentosa voz de Rosaura nos dejaba a todos impresionados, hacía el solo
como una verdadera profesional del Bel Canto. Y la pianista era Sara, admirada
profesora de piano que falleció hace unos pocos años, después de muchos años
enseñando con verdadera devoción en la escuela de música local. La salve es
todo un acontecimiento en Candás, no importa si somos creyentes o no, todo el
pueblo se reúne frente al ayuntamiento y allí escuchamos emocionados ese canto
a la patrona de los pescadores, que en Candás es la virgen del Rosario.
Durante los últimos años solíamos
ir a ver a mi abuela antes de ir a escuchar la salve, y después acudíamos todos
juntos a la plaza. Ella se quedaba en casa porque ya estaba muy mayor, pero
siempre preguntaba qué nos había parecido, si habíamos visto a alguien
conocido,… Como ya sabéis mi abuela falleció el año pasado, así que el ritual
será diferente este año, no pasaremos a ver a mi abuela. Será una fecha más
para recordar y echar de menos a mis abuelos y esos otros seres queridos que ya
no están entre nosotros. Escucharé la salve y miraré al cielo pensando que tal
vez los abuelos estarán por ahí, en alguna estrella observándome y esperando
que me acuerde de ellos. Recordaré todas
esas otras semanas santas que pasé en Candás en su compañía, disfrutando de su
compañía, y haciendo alguna que otra trastada, o leyendo. Fue en Candás donde
me acostumbré a devorar libros. Allí solía leer los tebeos que me dejaba el
yerno de la tía Mirina, a la que ya he nombrado en otras ocasiones, y que yo
siempre digo que es mi tercera abuela. Mi abuelo Agustín tenía muchos libros en
casa ya que era un gran lector, y yo solía leer lo que fuera, aunque debo
reconocer que los tebeos eran mis favoritos.
El domingo de pascua en Candás se
celebra la procesión del reencuentro, a la que hace varios años que no asisto.
Cuando era pequeña también era todo un acontecimiento familiar, con la banda
música tocando mientras el pueblo canta emocionado.
Pasan los años, y los abuelos ya
no están, yo ya me he hecho mayor, el próximo día 27 cumpliré cuarenta años, y
sé que voy a echar mucho de menos a mis abuelos Agustín y Fermina. Pero también
sé que su recuerdo me va acompañar mientras viva, y que quizá desde su cielo
observan cada paso que doy. Se alegrarán cada vez que apruebe un examen, y el día
en que por fin acabe la carrera se sentirán muy orgullosos de esta nieta que ha
decidido no rendirse. Supongo que son sentimientos que todos sentimos a medida
que nos vamos haciendo mayores y vamos perdiendo a nuestros seres queridos,
después de todo ¿quién no echa de menos a sus abuelos?
Y como estamos en estas fechas he pensado que la pieza musical debería estar acorde con el tema de esta entrada, que no es otro que la semana santa. He pensado en los Responsorios de Tinieblas del gran compositor abulense Tomás Luis de Victoria. La salve marinera creo que es mucho más bonita en directo, así que os invito a todos a conocer ese precioso pueblo marinero del que tanto hablo siempre.

