Una de mis amigas de Parejas
orientadoras para la búsqueda de empleo, Rosa, se ha convertido en la intrépida
reportera de esta iniciativa, y yo como soy muy osada, he decidido que voy a
ser la primera entrevistada. El caso es que Rosa necesitaba que le enviase una
larga carta explicándole como soy y cuales son mis objetivos, y lo hice, pero
me da la sensación de que faltaba algo, ¿sabéis qué? Pues una foto chula que
ilustre no solo mi talento y mi ilusión sino también mis ganas de salir
adelante, y mi optimismo, algo que tengo mucho en común con Rosa, que se ríe de
todo y yo creo que no se disgusta por nada nunca, ¿me equivoco Rosa?
Así que ayer convencí a un amigo
para que me hiciese alguna foto, con una me bastaba, pero él que es muy
considerado decidió que tenía que sacar muchas para que yo escogiese la mejor.
Ya me había hecho unas cuantas hace unos días en Gijón, pero el hombre pensó
que yo no había quedado contenta, algo le había comentado de mi pelo, ya sabéis
las chicas cuando tenemos “a bad hair day”, no queremos ni salir de casa. Así que nos plantamos en Candás,
y como yo de este buen amigo, a veces abuso un poco, lo convencí para que me
llevara al cementerio, donde reposan mis abuelos, bisabuelos y tatarabuelos. Os
parecerá una barbaridad, anda que no habrá sitios mejores para visitar en
Candás, pero a mí me apetecía visitar a mis abuelos después de la boda de mi
hermana. Se les echó mucho de menos ese día, como os podréis imaginar, además,
mi hermana decidió que su ramo de novia debía ser para ellos, y yo quería verlo
antes de que terminase de marchitarse. Así que mi amigo ni corto ni perezoso me
llevó hasta el cementerio, y se quedó impresionado con las vistas, quizá las
mejores de todo el pueblo, lástima que quienes ahí reposan no puedan verlas.
Después fuimos hasta San Antonio,
donde tanto enredé de pequeña, allí jugué al tenis en sus canchas, bueno, para
ser exactos, corría con la raqueta en la mano y de vez en cuando le daba a la
pelota. También jugábamos al baloncesto o a lo que se terciase, comíamos en
familia, y cuando estábamos hartos de tanto sol íbamos a la playa a darnos un
baño. Muy cerca en el Nodo estaba la antigua casa de mis abuelos, desde la que
veíamos el mar desde cualquier ventana. Desgraciadamente, ahora está todo
vallado, y no hay manera de acceder ni a las canchas deportivas donde tanto
jugué, ni a los soportales del instituto donde también enredé alguna que otra
vez, como dice mi amigo: “están siendo muy poco considerados con tus recuerdos
de infancia”. Así es, pero no me los podrán quitar, siempre los recordaré y eso
ya es mucho, ¿verdad?
Pudimos pasear hasta el Faro de
Candás por la senda, menos mal que por lo menos eso no me lo han quitado, y de camino me hizo esta estupenda foto, ¿qué os parece?
| No os podéis imaginar la de recuerdos que tengo atesorados en mi memoria de este precioso lugar |
Y después decidimos ir a dar un
paseo por el pueblo donde le hice un poco de guía turístico, eso sí,
explicándole mi historia familiar y mi vinculación con cada rincón de ese
maravilloso pueblo marinero. Y cuando estábamos dando la última vuelta por el
pueblo nos encontramos a la tía
Fernanda, tía de mi madre, que es una mujer llena de vitalidad y energía. En
cuanto la llamé vino corriendo a darme un beso y un abrazo muy grandes, y
claro, ella que tantas ganas tiene de verme casada, ¡pobrecita! , no pudo
evitar hablarle al muchacho como si fuese mi novio. Solo somos amigos,
respondimos los dos a la vez, “ah, bueno”, dijo ella, “si no estáis muy
enamorados, para casarse y separarse a los cuatro días, val más que no lo
hagáis”. Perdonad que incluya esa expresión tan asturiana aquí. Entonces ella
nos arrolló a los dos con su simpatía y alegría, ella estuve sesenta y cinco
años casada, y por supuesto que hubo momentos buenos y otros no tanto, pero se quisieron y tiraron
para adelante. Y cuando llegaron a las bodas de oro, a las que ella pensó que
igual no llegaban, lo celebraron por todo lo alto, invitando a todos los
sobrinos de los dos lados, porque como ella dice nos quiere a todos por igual.
Nos animó a disfrutar de la vida y de la juventud, que se marcha rápido, pero
sobre todo si hay algo que quiere Fernanda es que le demos mucho amor, y de eso
os puedo asegurar que no le falta, tiene 32 sobrinos nietos, y todos queremos a
esta gran mujer con locura. Por cierto, que no os lo había contado, ¿sabéis
quién fue la que más bailó en la boda?, pues Fernanda, ¿queréis saber cuántos
años tiene?....nada más y nada menos que ochenta y ocho, y que le quiten lo
bailao y que siga bailando muchos años más.
Yo cuando sea mayor quiero ser como Fernanda, el ejemplo y
la ilusión ya lo tengo, ¿verdad? Además, al igual que ella yo soy de las que no
se rinden, así que seguiré luchando por mis sueños.
Y para terminar os dejo con una de esas piezas de música que me sirven de inspiración, que por cierto, sonó muy bien en la boda de mi hermana la Cantata 147 de Bach, espero que os guste.
Y para terminar os dejo con una de esas piezas de música que me sirven de inspiración, que por cierto, sonó muy bien en la boda de mi hermana la Cantata 147 de Bach, espero que os guste.
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