Estos últimos días han sido muy especiales para mí, ya que
los he pasado en La Mancha ,
la tierra donde el Hidalgo don Quijote de la Mancha vivió sus aventuras. Allí he pasado
momentos muy emocionantes caminando por las calles de Toledo, me he maravillado al pasear por las Tablas de
Daimiel, y he sentido que viajaba a los tiempos del siglo de oro al escuchar la
inconfundible voz de Fernando Fernán Gómez encarnando al mismísimo Lope de Vega
en el Corral de Comedias de Almagro. Por todas esas razones y muchas más, este
será un viaje que no olvidaré en mucho tiempo, y que seguro que repetiré
pronto, pues aun me quedan sitios por visitar, como las lagunas de Ruidera, y
me quedo con las ganas de asistir al Festival de teatro clásico de Almagro, que
dio comienzo justo el mismo día en que yo emprendía mi viaje de vuelta a
Asturias.
Han sido además los días en los que por fin han salido mis
notas, de las que puedo estar muy orgullosa porque el esfuerzo de este último
año ha dado fruto y puedo decir que ya estoy en segundo del grado, ¡con el
miedo que tenía al principio!
Me gustaría poder contaros muchas cosas, al estilo de mi
amiga María de Callejeando por el mundo, que nos lleva por los lugares que ella
ha recorrido haciéndonos sentir que estábamos allí con ella. Pero me temo que
no soy tan buena como ella, y que lo que mejor se me da es trasmitir las mismas
emociones que yo siento al visitar esos lugares con tanta historia.
En esta entrada me gustaría hablaros de la Sinagoga del Tránsito,
convertida hoy en el Museo Sefardí, precioso lugar lleno de historia, pero
también de llanto y desolación, de recuerdos y esperanzas de un pueblo al que
nuestra historia no trató como se merecía. Toledo, llamada la ciudad de las
tres culturas, es una joya en piedra que merece la pena visitar, por sus calles
convivieron en paz y armonía judíos, musulmanes y cristianos, hasta que un
edicto injusto de los Reyes Católicos puso punto y final a esta armónica
convivencia. El pueblo Sefardí se fragmentó entonces, algunos emigraron a
África, otros a Estambul y a otros lejanos lugares, pero jamás dejaron de amar su tierra, en la que
habían dejado todo lo que tenían y a la que tanto habían dado. En el museo
Sefardí su recuerdo permanece vivo, y al salir al jardín a las cinco de la
tarde escuchamos al herrero trabajando en su forja, a los niños jugando o
llorando, mientras suenan canciones sefardíes, que nos transportan a otro
tiempo, recordando así la historia de un pueblo que merece no caer en el
olvido. En Toledo se puede ver la huella dejada por los sefardíes no solo en la
sinagoga del Tránsito, sino también en Santa María la Blanca , hermosa joya en la
que me dejé impresionar por la historia del pueblo judío, plasmada en los
cuadros del hermano Abraham Kron. Todos
conocemos la historia de aquel judío errante que regresó un día a Toledo
portando la llave de la antigua casa familiar, que un día sus antepasados
dejaron entre lágrimas y que había sido guardada por varias generaciones de su
familia como el mayor de los tesoros. El judío se aproximó a la casa, y sacando
con emoción la llave se aproximó a la puerta, introdujo la llave en la
cerradura y la puerta se abrió, como si la casa hubiera estado esperando la
vuelta de sus antiguos moradores durante años. Todos sabemos que esto no es más
que una leyenda que simboliza la fidelidad de un pueblo hacia la tierra en la
que un día vivieron felices sus antepasados, y que a pesar del paso de los años
no han olvidado ni sus costumbres ni el idioma, que ha sido transmitido de
generación en generación. La huella del pueblo sefardí está muy viva en Toledo,
y no pude evitar sentir un poco de tristeza al pensar en lo injustos que hemos
sido como nación con este pueblo, a quien desterramos de manera injusta por sus
creencias.
Creo que todos los seres humanos somos iguales, nacemos
libres, y tenemos el mismo derecho a pisar el mismo trozo de tierra, no importa
las creencias que uno u otro tengamos, pues nadie posee la verdad absoluta. Así
mis creencias son válidas para mí, pero no para mi vecino, y yo no tengo ningún
derecho a imponerle las mías a nadie, del mismo modo que nadie tiene derecho a
imponerme las suyas. Y con este final me gustaría llamar a la reflexión a todas
esas personas que intentan en estos días imponernos sus puntos de vista sin
escuchar a nadie más.
Y para finalizar me gustaría dejaros con una pieza musical muy especial, la voz de Ana Alcaide nos recuerda el paso del pueblo Sefardí por esa hermosa ciudad que es Toledo, espero que os guste.
Toledo también me fascino, sus calles, la historia que encierra en cada rincón. Yo, que soy de una isla quedé prendada nada más verla desde lejos. Las calles estrechas, los tejados envejecidos, la arquitectura de sus casas, las calles empedradas, arriba y abajo. Es preciosa!
ResponderEliminarFelicitaciones por tu esfuerzo y mucho ánimo. Todo esfuerzo es recompensado más tarde o temprano, no esforzarse en nada te lleva a tener una vida sin oportunidades.
Que viaje tan bonito. Me encanta La Mancha, y además me trae un recuerdo muy bueno. Hace dos años, mi hijo pequeño participó con su clase y la otra clase del mismo curso(A y B) en un certamen sobre La Celestina, trabajando mucho sobe la obra, el autor, época y preparando incluso una representación de la que sacaron fotos para hacer una fotonovela. Bueno, pues el premio fue un viaje Toledo de una semana visitando muchísimas cosas, todo visitas guiadas y hospedándose en un castillo. Allí compartieron la experiencia con un colegio que había hecho un trabajo paecido, y además de hacer muchos amigos hicieron representaciones, veladas literarias, un montón de cosas que dejaron un recuerdo único. La única pega que yo vi es que solo podían ir la mitad de los niños y el sistema para elegir fue por notas, las mejores notas de lengua y me dio pena de los niños que no fueron porque si en lugar de ser notas de lengua son de mate el mío no hubiera ido, jeje, porque las mates no son su fuerte. Perdona que te aburra pero es que esta experiencia me pareció una maravilla, deberían de hacerla más a menudo en lugar de viajes de estudios carísimos(mi hija fue tres días a Roma, solo con habitación y desayuno 700€,casi me da algo).
ResponderEliminarBueno, me alegran tus notas y que te lo hayas pasado tan bien, a veces no es necesario irse tan lejos para pintar un nuevo recuerdo bonito en tu vida. Un besín.
Hola Marigem:
ResponderEliminarEl viaje fue inolvidable, me queda mucho por contar todavía porque me gustaría dedicarle una entrada a Almagro y otra a Las Tablas de Daimiel, que son lugares casi mágicos. Como tú dices no hace falta irse muy lejos para pintar un nuevo e inolvidable recuerdo en nuestra vida. No me aburres para nada, es más me encanta que te hayas pasado por aquí para contarme el viaje de tus niños, seguro que para ellos también fue una experiencia inolvidable. Un beso muy fuerte y nos seguimos leyendo
Noe