Hace algo menos de un mes empecé a trabajar en una academia de inglés aquí en Mérida. Trabajo con niños de entre cuatro y once años, ¡todo un reto! Trabajar con los más pequeños es muy gratificante, pero exige una gran motivación y mucho mucho esfuerzo para conseguir captar su atención y motivarles para que aprendan a través de juegos y canciones. Son muy pequeños, y aún no saben de discriminación por razón de sexo, violencia de género o techos de cristal. Cuando estoy rodeada de estos pequeños me siento feliz y pienso en lo hermoso que sería si pudieran conservar algo de su inocencia para la vida adulta. El miércoles les veía jugar en nuestro pequeño parque y pude observar que tanto niños como niñas disfrutaban del mismo juego: policías y ladrones. Las niñas eran policías y uno de los niños era el ladrón. Me sentí feliz al darme cuenta de que tal vez esta generación de niños y niñas conseguirá superar los roles de género que tradicionalmente se nos han asignado a hombres y mujeres.
Pero hoy he leído un artículo en El Comercio y no he podido evitar sentir tristeza otra vez por todas esas otras niñas que no han tenido la misma suerte que las pequeñas que anteayer jugaban a policías y ladrones. Nice Nailantei Leng'ete es una mujer que ha escapado dos veces a la mutilación genital femenina, un horror del que ya os he hablado en otras ocasiones. Cuenta en el artículo que os he mencionado, que ha visto a niñas morir tras haber sido sometidas a una ablación. Además, menciona algo que por desgracia sigue siendo muy frecuente como es el matrimonio infantil. De esta manera muchas niñas son doblemente víctimas, ya que son forzadas a casarse poco tiempo después de pasar por esta traumática experiencia. Se les roba el derecho a seguir viviendo su infancia, a ser dueñas de sus propias vidas y, por qué no decirlo, se les priva del derecho a vivir una sexualidad plena. Tampoco podemos olvidarnos del derecho a la educación que también se reivindica en este artículo, ya que sirve para empoderar a las mujeres en general, pero muy especialmente a todas esas niñas que se encuentran en situaciones muy vulnerables.
Creo que el Día internacional de la niña debería celebrarse en los colegios, igual que celebramos el día la paz, con diferentes actividades. De esta manera tanto niños como niñas aprenderían a ser conscientes de la realidad de otras personas en otros lugares y, podremos enseñarles a cooperar para afrontar y vencer las desigualdades de género. Así los niños y niñas que juegan juntos a policías y ladrones vivirán en una sociedad libre de prejuicios y desigualdades sociales.
Os invito a ver un vídeo de UNICEF que sirve de punto de partida para una campaña de emponderamiento de las niñas. Me gustaría destacar una frase de este vídeo: "Yo soy el color vibrante de la libertad". Espero que esa frase sea pronto una realidad para todas las niñas del mundo.

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