Estos días andamos frenéticos en
casa, mañana por fin se celebra la boda de mi hermana María, así que andamos de
aquí para allá con todos los preparativos, y un montón de prisas. Son unos días
bastante alocados, así que no doy abasto y encuentro poco tiempo para escribir
sobre esas cosas que me preocupan, pero he aquí, que ayer sucedió algo terrible
en la costa italiana, frente a la isla de Lampedusa. Una vez más el mar se ha
cobrado la vida de cientos de personas, que salieron de África en una precaria
embarcación buscando una vida mejor en esta Europa decadente.
Estas personas tenían sueños como
todos nosotros, soñaban con tener un trabajo que les rentase algo más que un
dólar al mes para dar de comer a sus familias. Soñaban con tener casa propia, y
una vida mejor. Nadie les habló de crisis económica en Europa, ni de las
terribles cifras de paro que tenemos en España o en Italia. Tampoco les
hablaron de rescate a la banca, ni de austeridad económica. No, tan solo les
hablaron de una vida mejor, de un lugar en el que los sueños se podían hacer
realidad, de un lugar lleno de oportunidades y de comodidades, que tal vez
ellos ni siquiera sabían que existían. Tal vez pagaron un precio exorbitado por
un billete hacia el paraíso, que finalmente terminó siendo un billete hacia la
muerte. Y así sus sueños quedaron para siempre enterrados entre las olas y la
espuma del mar.
Mientras nosotros nos lamentamos
por la recesión económica, que no nos permite comprarnos el último grito en
moda, o que no nos deja presumir de coche de alta gama, otras personas tan solo
sueñan con una vida digna. Vivimos en un mundo muy globalizado, en el que los
pobres no tienen nada, casi ni derecho a existir, y los ricos son muy ricos. El
reparto de la riqueza se hace de manera tan desigual que a mi me da vergüenza
quejarme, ¡si tengo todo lo necesario para vivir!, ¡qué más quiero!
Vivimos en un mundo en el que el
pez grande se come al chico, en otras palabras, para que pueda haber ricos
tiene que haber muchos pobres. En países de África es habitual que las grandes
terratenientes acaparen las tierras que antes trabajaban los agricultores
locales, de esta manera las familias pierden su único sustento, así también
pierden la esperanza de tener una vida digna. La necesidad obliga, y cuando alguien
lo ha perdido todo, o mejor dicho, le han arrebatado todo, debe salir a buscar
el pan para sus hijos donde sea, por este motivo nuestros mares se están
llenando de pateras cargadas de sueños, que a menudo naufragan, dejando así
miles de sueños enterrados en el mar.
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| Me gusta mirar al mar, pero a veces no puedo evitar de tantas personas que un día dejaron su vida en él Foto Gratis |
Entro en la habitación de mis
padres y veo el vestido de novia de mi hermana colgado de la barra de la
cortina. Mañana será un día de fiesta para nuestras familias, será el comienzo
de una nueva vida cargada de sueños y de ilusiones. Entonces no puedo evitar
suspirar al recordar tantos sueños enterrados en el mar.
Y para despedirme os regalo una
de esas piezas musicales que tanto me gustan. Una maravillosa Letanía de
Schubert en la voz de la gran Lucía Popp, en recuerdo de tantas almas inocentes
que un día soñaron con una vida mejor.

Que caótica es esta vida llena de sin sentidos y contrariedades, una zanahoria delante como premio sin pensar que para conseguirla uno sacrifica uno de los bienes más preciados EL AMOR, el amor a uno mismo un amor que nada tiene que ver con " el ego" ese falso yo que este sistema nos obliga a creernos que somos y no nos parecemos en nada, es una herramienta para esclavizarnos y creernos que encima somos inteligentes por alimentarlo, sacrificamos nuestra familia, nuestros amigos, nuestra salud, nuestra juventud para escuchar y ver que quiénes llegan a la cima dicen que se sienten solos y vacíos. No hay mayor riqueza que sentirse rodeados de quienes nos aman y nos quieren a la misma vez que podemo comer y tener un techo dignamente sin miedo a la violencia que ciega al hombre que no tiene amor.Quien así lo tiene debe sentirse afortunado y quien no se siente debe levantar su mirada y observar en silencio el mundo.
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