Hoy 20 de junio es el Día Mundial
de los Refugiados de Naciones Unidas, quizá la gran mayoría de vosotros
desconocías este dato, ajenos a la terrible realidad que viven demasiadas
personas en nuestros días. Los conflictos bélicos, las hambrunas, la
intolerancia y la sinrazón, llevan a muchas personas a tener que abandonar sus
hogares, dejando atrás toda una vida de recuerdos, enfrentando así un destino
incierto, que les hace anhelar aquello que dejaron atrás. Si hay un conflicto
que nos sobrecoge en estos días es él que vive el pueblo Sirio, que ha causado
ya miles muertos, y ha llevado a millones de personas a abandonar sus hogares,
dejando atrás todo lo que tenían, pero sobre todo la esperanza.
Los niños sirios, son siempre la
parte más débil de un conflicto, víctimas olvidadas a veces, que sufren las
consecuencias de una guerra de la que no tienen culpa, y que no entienden. Así
se ven despojados de todo lo que tenían, pierden su hogar, a veces a sus padres
y familiares, pero sobre todo pierden su inocencia y el derecho a tener una
infancia feliz, como el resto de los niños. Por eso hoy me ha llamado algo
poderosamente la atención en mi timeline de Facebook: Cometas en el aire,
lanzadas por los niños sirios, cometas llenas de deseos y esperanza, que ahora
os quiero relatar.
Ayer los niños sirios del
campamento de refugiados de Zaatari en Jordania, fabricaron sus propias cometas
y las lanzaron al aire después de haber escrito en ellas sus deseos para el
futuro. Deseos cargados de esperanza, pero también de tristeza, de anhelos, de
desesperación por algo que no entienden, pero que les ha arrastrado de lleno, privándoles así del derecho a tener
una vida digna en un hogar cargado de amor y felicidad, les han privado de su
derecho a ser niños. Así, Samar dice que echa de menos la escuela; Sherine de
seis años, dice que las flores le recuerdan a su casa; Amal quiere que el
conflicto termine para poder volver a su casa, y así su país volverá a ser
feliz como antaño. No faltan quienes echan de menos a su padre, como Basil,
cuyo padre sigue en Siria, así que lo que más quiere Basil es abrazar a su
padre, ¿y quién no? Dina recuerda con nostalgia sus tardes de paseo con sus
amigas; y Faris nos dice que lo que más echa de menos es su país, porque allí
todo era mejor. Por supuesto no faltan los deseos de paz, así Fatin nos dice
que lo que más anhela es la paz, y quiere volver pronto a su casa, porque allí
está su identidad. Lo que más desean estos niños es volver a su hogar, donde lo
tienen todo, amigos, familia, sus juguetes, en fin su infancia, porque como
dice Hamzeh, donde viven ahora no es un hogar, sino tan solo arena.
Quinientas cometas surcaron el
aire cargadas de sueños y deseos, de esperanza, que dependen de que alguien
haga algo para parar un conflicto que parece no tener fin, y del que son
siempre las víctimas más inocentes, espero que pronto puedan volver a sus
casas.
Me gustaría hacer mío el deseo de Ghadeer de once años: "Mi mensaje para el mundo es que se detenga la violencia y que nos ayuden a volver a nuestro hogar".
Os dejo unos enlaces de varias
ONGs que tratan de mejorar la situación de todas las personas que están pasando
por esta terrible situación.
Mi pieza musical de hoy está dedicada a todas las personas que han tenido que dejar atrás todo lo que tenían, empujados por algún conflicto bélico. Esta preciosa romanza de Salvador Bacarisse es bella y desgarradora a la vez, como las vidas de estos niños, que viven momentos de alegría y juegos, mientras su país se consume en una guerra a la que nadie parece querer encontrar solución.
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