El verano que parece no querer
llegar nunca a Asturias, se asoma tímido por nuestra ventana, muchos ya están
pensando en las vacaciones, soñando quizá con algún destino exótico, donde
relajarse y evadirse de todo el estrés acumulado en el trabajo. Seguro que
alguno de vosotros estará soñando con ir a Tailandia, donde pasearán por sus
playas paradisíacas, y tomarán el sol, soñando con un futuro mejor, libres de
jefes déspotas, o clientes mal educados que piensan que están en su derecho
cuando nos tratan de manera grosera y mal educada.
Sin embargo, Tailandia, como el
resto de países del Sudeste Asiático, esconde una cara oscura, la del tráfico
infantil y la explotación sexual. Así, hoy en la BBC escuché la historia de Jiji, que me dejó sin
palabras, y me llenó una vez más de tristeza al saber que en este mundo los más
inocentes siguen siendo víctimas de la barbarie y el abuso más deplorables.
Jiji es una niña de familia
humilde, que vendía flores junto a su madre en una gasolinera cerca de su
hogar. Un buen día Jiji acudió junto con su mamá a esa gasolinera a vender
flores a los viajeros, como cada día. Sin embargo, ese día algo salió mal, pues
cuando su mamá fue a darle el pecho a su otra hija, Jiji desapareció sin dejar
rastro. Su mamá creyó volverse loca, la buscó por todas partes, ¿cómo podía
haber desaparecido así su hija?, tenía que estar cerca en algún lugar,
asustada, quizá llorando sola y desprotegida. Las imágenes de la cámara de
seguridad del lugar, muestran a la pequeña caminando por las inmediaciones de
la gasolinera, distraída, sin rumbo fijo, casi como si estuviera ausente, para
luego perderse sin dejar rastro. Desde ese día su llorosa madre la busca sin
cesar por toda Tailandia, sin perder la esperanza de volver a abrazar a esa
niña que le fue arrebatada de sus brazos.
Por desgracia, la historia de
Jiji se repite muy a menudo en el Sudeste Asiático, y muchos niños, se habla de
ocho millones cada año, desaparecen sin que nunca se vuelva a saber de ellos.
Son vendidos a traficantes sin escrúpulos que les roban la inocencia, abusando
de ellos, sus vidas así no vuelven a ser las mismas. En otros casos son
explotados en las fábricas, donde quizá fabriquen las piezas de nuestros
maravillosos smartphones. Su infancia así se pierde para siempre, en un mundo
de horror y miedo, del que no pueden salir por si mismos, están solos y
desprotegidos, abandonados a su suerte.
Estos niños necesitan ser
protegidos, se debe poner más atención en su seguridad, y las leyes deberían
ser mucho más duras con quienes los secuestran y explotan. Mientras muchas
personas continúan viajando a Tailandia para disfrutar de las muchas maravillas
que este exótico país ofrece al visitante, la mamá de Jiji la sigue buscando
entre lágrimas, espero que un día la encuentre.
Os dejo con un escalofriante vídeo sobre la explotación sexual en el mundo, terrible, ¿verdad?
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