Han pasado ya casi dos semanas
desde que terminé los exámenes y todavía tengo los nervios a flor de piel. Por
si fuera poco, todas mis esperanzas de aprobar El Lenguaje Humano se esfumaron
en la tutoría del lunes, ¡que rabia!, está claro que la lingüística requiere de
un doble esfuerzo por mi parte.
Pero entonces mi tutora Natalia,
que es una suerte contar con ella, me recordó que todo lo que he estudiado
hasta ahora es la semilla para aprobar esta complicada asignatura en
septiembre. Claro que sí, todos tenemos algún escollo en la vida que superar, y
que es la vida sin retos y complicaciones, un aburrimiento, ¿verdad?
Está claro que lo mío es la
literatura, me encanta, la vivo, aprendo las rimas y los distintos tropos con
facilidad, si yo estuve en la tumba de Shakespeare, caramba.
El viernes pasado tuve la
oportunidad de asistir a un taller de poesía con Javier Almuzara, gran poeta,
que además ya es un viejo conocido mío. Fue una maravilla, nos hizo sentir la
poesía como algo vivo, un cántico melodioso lleno de sentimientos, a veces
dulce, a veces doloroso, pero lleno de vida. Entonces me di cuenta de que lo
mío es la escritura, que ya saldrán el resto de asignaturas, será por falta de
ganas, ya me encargaré de descubrir todos los secretos de la lingüística, que
no se diga. Además yo soy de las que no se rinden, si tropiezo me vuelvo a
levantar, tambaleándome, pero me levanto. A veces las heridas pican, como decía
Natalia, pero me rasco y sigo adelante, que hay mucho por hacer.
Entonces me llama Lidia, siempre
a mi lado, “estás chafadina”, me dice, pues sí, para que le iba a mentir.
Entonces al igual que Natalia, muy
sabiamente me recuerda que una vez que ha pasado un examen no hay que pensar
más en él, ahora toca afrontar las nuevas asignaturas con brío y energía
renovados.
Después entro en el blog de mi
amiga María Callejeando por el mundo, y no puedo dejar de sonreír, ha publicado
una entrada de su maravilloso viaje por Budapest, Praga y demás ciudades
maravillosas, con unas fotos preciosas, sobre todo las de la hora azul, y
menudas vistas desde el Puente de las Cadenas, una gozada. Y eso que estaba
malina la pobre, pero no se rindió siguió disfrutando de su viaje en compañía
de Rubén, que es un cielo, y ahí nos deja el testimonio de su aventura navideña.
Y yo no puedo ser menos, tengo que dejar de lado la desilusión que me embargó
el lunes para seguir adelante con el resto de asignaturas, que el mundo no se
acaba por suspender una asignatura.
No pasa nada, el sol sigue
brillando y la tierra no ha dejado de girar, bueno estos días es más bien: la
lluvia sigue cayendo y la tierra sigue girando, pero no pasa nada, con un buen
paraguas todo solucionado.
Dice Natalia que tengo que ver El lado bueno de las cosas, película por la que Jennifer Lawrence ha sido galardonada con un óscar, os prometo que en cuanto la vea os cuento mis impresiones. Mientras tanto voy a empezar a ver el lado bueno de las cosas, porque la vida no es ni blanca ni negra, a veces es alegre otras en cambio es triste, pero siempre hay que buscar la magia de cada momento y saber seguir adelante cuando vienen mal dadas, después de todo como ya he dicho yo soy de las que no se rinden, ¿por qué habría de rendirme ahora?
Así que hoy tengo que poner
alguna pieza de música alegre, y no sabía muy bien que poner, y como no podía
ser de otra manera la gran Anna Netrebko acompañada de Rolando Villazón, estupendo tenor mexicano, viene en mi rescate, el brindis de la Travista es una pieza
única que a todos nos hace esbozar una sonrisa, después de todo, la vida es una
celebración, o al menos debería serlo, ¿verdad?
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