Hoy me gustaría contaros una
historia que sucedió hace ya unos años, en mis tiempos londinenses, algo de lo
que no me he podido olvidar, a pesar del tiempo transcurrido.
Cuando llegué a Londres, allá por
el año 2002, trabajé en muchos sitios, sobre todo al principio cuando recalas
en una ciudad tan grande, en otro país, es habitual moverte de un trabajo a
otro con bastante asiduidad. Llevaba unos seis meses en Londres cuando empecé a
trabajar en Ponti´s, una cadena de restaurantes italianos bastante conocidos
allí.
Llevaría dos semanas trabajando
allí, cuando uno de los managers me presentó a una chica de Bilbao, no quiero
revelar su nombre, que ya llevaba un año trabajando con ellos, y era muy
querida por todos sus compañeros. Esta chica era muy parlanchina, hablaba por
los codos y a toda velocidad, y yo que no me callo ni debajo del agua me hice
su amiga enseguida. Siempre se estaba riendo, así que cuando yo tenía un mal
día, que no era nada raro en aquel lugar, se trabajaba muy duro y bajo mucha
presión, siempre encontraba su semblante amable apoyándome, y se me olvidaban
todas las penas. No fue la única, debo reconocer que siempre recordaré a la
buena de Sofía, a Ana, siempre tan educada, a Sergio, que me hacía reír a
carcajadas, en fin, a tantas buenas personas que conocí, pero la chica de
Bilbao, quizá porque éramos del mismo país, se convirtió en una de mis mejores
amigas.
Pasó el tiempo y yo empecé a
trabajar en otro sitio, un lugar donde me pagaban bien y donde conocí a más
gente maravillosa, pero yo seguí en contacto con la chica de Bilbao, en ese
momento ya nos habíamos hecho inseparables. Ella ya se había casado, con su
novio, un chico al que conocí al poco tiempo, y que en apariencia era un chaval
muy normal, enamorado de su chica, tan solo tenía un “pequeño defecto”, era muy celoso.
En aquel momento éramos más que
amigas, casi familia, contábamos la una con la otra para todo, si a ella le
pasaba algo yo debía avisar a su familia de inmediato y ella la mía si me era a
mí a quien le ocurría algo. Un día quedamos para tomar un café y me dijo
eufórica que había conseguido un trabajo en otro sitio, cuando me dijo el
nombre de la compañía me eché a reír, resulta que estábamos trabajando para la
misma empresa en diferentes lugares, ¡que sorpresa!
Un día de repente todo cambió, mi
buena amiga de la noche a la mañana dejó
de llamarme, si yo le mandaba algún mensaje no me contestaba, y si llamaba no
me cogía el teléfono. No entendía lo que pasaba, un día me encontré con ella
por la calle, y le pregunté si estaba bien, por qué no hablaba conmigo, en ese
momento llegó el autobús y se subió a él a toda prisa sin darme ninguna
respuesta. Nunca supe que fue lo que propició ese cambio de actitud, pero de
algo estoy segura, su marido tuvo mucho que ver en ese cambio. A él no le
interesaba que tuviese amigos, así que hizo todo lo que pudo para aislar a esta
chica de las personas que nos preocupábamos por ella.
Un tiempo después yo volví a
España, y no supe más de ella, hasta que hace unos tres años, alguien me contó
que se había separado, algo que me llenó de alivio, tal vez ahora sí que
encontrase su propia voz.
Os he contado esta historia para
que entendáis que una persona que no os deja salir con vuestros amigos de
siempre, que le molesta si salís a tomar un café con amigos, y no os deja
vestiros como os gusta, no os quiere. Si
intenta imponer sus puntos de vista sobre los vuestros, si veis que poco a poco
esa persona se está haciendo dueño de vuestras vidas hasta el punto de que no
os deja respirar, salid corriendo, puede ser el principio de algo muy malo. Muchos maltratadores empiezan así,
primero aíslan, luego minan la moral de su víctima, y cuando ésta ya no sabe ni
quien es, entonces golpean.
Me he pasado muchas noches
preguntándome qué habrá sido de ella, a menudo me he preguntado si haría lo
suficiente, y una parte de mí siempre se sentirá un poco culpable por no haber
insistido más, después de todo era mi amiga y yo siento que le fallé un
poquito. Tal vez si yo hubiera estado más alerta habría visto los signos, y le
habría evitado algún que otro sufrimiento. Nunca sabré lo que pasaba por su
cabeza, y tan solo espero que la cosa no pasara de unos celos malsanos, pero
siempre me quedará la duda.
A veces cuando me preguntan por
que motivo no me he casado, ni tengo pareja, siempre respondo lo mismo, mejor
sola que mal acompañada, porque eso es
lo que le pasaba a mi amiga, que no sabía estar sola, y se quedó con el
primero que llegó a su vida. Ella se merecía alguien mucho mejor, que la
respetase y la aceptase tal y como era, igual que vosotras que estáis ahí, o
vosotros, por qué no, también hay hombres que sufren a causa de sus parejas,
así que ya lo sabéis, huid de estas personas que solo se quieren a si mismas, y
así seréis más felices.
Y para terminar os dejo con una de esas actuaciones que me ponen la piel de gallina, Anna Netrebko acompañada del gran Daniel Barenboin, cantando a Tchaikovski y a Korsakov, una delicia, un disco que he pedido a los reyes magos, a ver si me lo traen, que yo he sido buena, por lo menos lo he intentado. Disfrutadlo.
Escríbele un mail o un sms o también...te ayudo a difundir este post magnífico y tal vez ella lo lea y contacte contigo. :)
ResponderEliminarSé que sigue en Londres, pero no sé más, tampoco ha mostrado mucho interés en contactar conmigo, así quizá lo mejor sea dejarlo así, pero lo que sí me gustaría es que otras personas lo lean y no cometan el mismo error. Gracias Lidia, eres un sol. un abrazo ;-)
ResponderEliminarNoelia,como siempre me dejas sin palabras.
ResponderEliminarAntes que nada decirte que tu hiciste lo mejor que podías hacer: brindar tu apoyo y protección. Pero lo que pasa dentro de la cabeza y del corazón en una situación así solo lo entiende la persona que lo vive.
Te puedes alegrar de todo corazón por que tuvo la fuerza para dejarlo, aunque no vuelvas a hablar con ella creo que puedes estar tranquila, por qué ahora ya será la persona que fue, e incluso mejor.
Un abrazo!