Los que seguís mi blog ya sabéis que la música es una parte muy importante de mi vida y de este blog también, por eso intento terminar cada entrada con una pieza musical. Siempre tengo una canción en la cabeza, y con mi voz de soprano me gusta martirizar a los que me rodean a cualquier hora del día o de la noche cantando a todo volumen, que suele ser bastante alto para desgracia de mis sufridos vecinos. Como os podréis imaginar Over the Rainbow es una de esas canciones con las que me he sentido identificada en más de una ocasión, porque ¿quién no ha soñado alguna vez con volar más allá del arco iris? Todos hemos imaginado un lugar sin nubarrones en el cielo donde hacer realidad nuestras ilusiones. Al igual que a Dorothy nos habría gustado recorrer el camino de baldosas amarillas en busca de ese lugar soñado, alejándonos para siempre de las tristezas y decepciones de nuestra vida cotidiana. Por desgracia Judy Garlan nunca llegó a ese lugar y su vida estuvo llena de tristezas y amarguras que culminaron con su muerte un 22 de junio de 1969.
Hay muchos artículos en internet que describan las penurias por las que pasó la actriz, el maltrato al que fue sometida por los productores de Hollywood que, entre otras cosas, la obligaban a tomar barbitúricos y anfetaminas para sobrellevar las duras condiciones de rodaje. Su personaje debía aparentar doce años, pero ella ya tenía dieciséis y tenía cierta tendencia a engordar, por lo que el estudio decidió controlar su dieta de manera drástica. Un alto ejecutivo de la época la definió como el patito feo de la industria del cine. Fue acosada sexualmente y obligada a abortar para mantener esa imagen cándida e inocente que todos recordamos. Todas estas humillaciones hicieron mella en su personalidad y la marcaron para siempre. Así Judy Garland se convirtió en una persona tímida e insegura, adicta a las drogas y al tabaco que no pudo escapar de tan aciago destino. Murió víctima de una sobredosis accidental pocos días después de haber cumplido cuarenta y siete años.
Al leer tantos y tantos artículos sobre su figura y al escuchar a Nieves Concostrina el sábado en RNE, no pude evitar pensar en la crueldad a la que algunos seres humanos someten a sus semejantes. Han pasado cincuenta años y aunque hemos evolucionado mucho, quedan aún muchas cosas que debemos solventar. ¿Acaso el acoso que sufren muchos niños en la escuela no es similar al que padeció Judy Garland? Es cierto que cambian las circunstancias y el contexto, pero no puedo evitar pensar en esos niños y adolescentes que han acabado suicidándose porque nadie supo escucharles, porque no les proporcionamos herramientas defensa y, en demasiadas ocasiones los agresores quedan impunes. Nos estremecemos al leer sus historias, al igual que nos estremecemos cuando leemos la de la trágica estrella de Hollywood que no pudo encontrar ese lugar más allá del arco iris. Las niñas hoy en día están extremadamente sexualizadas, no hay más que ver algunos vídeos musicales. Los estereotipos de género siguen vigentes, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Y si hablamos del alcohol y las drogas, basta con pasearse por el centro de cualquier ciudad durante el fin de semana para darnos cuenta de que nuestros jóvenes tienen un problema con el alcohol. No nos damos cuenta pero a esas edades la presión del grupo de iguales es muy importante y muchos jóvenes empiezan a beber presionados por sus amigos. Sí, no son estrellas de Hollywood, pero creo que el infierno por el que pasó nuestra protagonista de hoy no difiere mucho del que viven muchos jóvenes de hoy en día.
El movimiento MeToo nos ha ayudado a levantarnos y decir basta ya al acoso sexual y la discriminación por razón de género, nos ha impulsado a luchar contra las injusticias y nos ha enseñado que debemos hacer frente a los agresores. Me pregunto si habría ayudado a Garland hace cincuenta años, tal vez sí, pero por desgracia nunca lo sabremos. Desafortunadamente, el patrón de estrella infeliz que recurre a las drogas para escapar de su realidad sigue sin ser parte del pasado. Tal vez es hora de que veamos a los actores, actrices, cantantes y demás personajes populares como lo son: seres humanos de carne y hueso con sus miserias y sus desengaños, es decir, como tú y como yo, pero nosotros no somos el espejo en el que otros creen reflejarse.
Judy Garland tenía un talento especial para la música, no hay más que escuchar su voz en Over the Rainbow para darnos cuenta de ello. Es una de esas interpretaciones que te hacen vibrar y te llevan a ese lugar maravilloso con el que todos hemos soñado alguna. Ese lugar en el que vemos pájaros azules pasar mientras cantan, y nuestros sueños se hacen realidad. Por eso hoy la entrada musical tenía que ser esta canción que tantas personas han versionado, aunque nadie la cantó como ella. Espero que os guste.

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