Este año que despedimos dentro de
unos días ha dejado buenas y malas noticias. Una de las noticias más terribles, quizá fue el derrumbe de la trágicamente famosa fábrica textil de Rana Plaza
en Bangladesh, que se cobró la vida de 1129 personas.
Lamentablemente cuando acudimos a
la tienda de moda, maravillados por esos precios tan competitivos, se nos
olvida que a menudo esos precios son el producto de la explotación de
trabajadores en algunos países. Ese era el caso de los trabajadores de Rana
Plaza, personas condenadas a trabajar jornadas interminables a cambio de un
mísero salario. Personas que un buen día de abril vieron su vida en riesgo, por
lo que decidieron acudir a las autoridades y se negaron a trabajar en esas
circunstancias.
El gobierno intervino, se
comprobó entonces que el edificio de ocho plantas, dos de ellas añadidas de
manera ilegal, tenía graves problemas de cimentación, por lo que se decidió
clausurarlo tan solo 72 horas antes de que sucediera la tragedia. Las
trabajadoras asustadas clamaban ante la televisión de ese país su derecho a
trabajar en mejores condiciones, sin miedo, pues temían que si entraban a ese
edificio tal vez nunca volverían a ver a sus hijos. Desgraciadamente así fue,
el propietario del edificio, obligó a sus trabajadoras a volver a trabajar, la amenaza era clara, si no acudían de nuevo al trabajo no
recibirían su salario. Los trabajadores así lo hicieron, y el resto de la
historia la hemos visto todos en las noticias. 1129 personas perdieron la vida,
y otras muchas resultaron heridas de gravedad, mutiladas, entre los escombros de lo que un día fue un centro
de explotación humana.
Yalda Hakim, corresponsal de la BBC nos contaba todas estas
historias en un reportaje muy humano, en el que denunciaba como todas estas
personas fueron obligadas a trabajar en unas condiciones realmente deplorables.
Hablando con los supervivientes no pudo evitar indignarse y emocionarse, al
escuchar historias como la de Anna, una joven trabajadora, que perdió una mano
en el trágico suceso. O la de otra mujer, madre de dos hijos, que perdió sus
piernas, ya que para poder ser liberada de los escombros, sus rescatadores
debieron amputárselas, su relato era estremecedor. También habló con los
voluntarios, los primeros en acudir al lugar de la tragedia, personas anónimas,
como un joven de veinte años, que no lo pensó dos veces y acudió raudo al
escuchar los gritos de socorro de las personas atrapadas. También nos relató la
historia de una muchacha, Reshma, que pasó diecisiete días atrapada entre los
escombros. La periodista apretaba la mano de la joven mientras esta relataba su
angustia, y ¿quién no lo haría? Afortunadamente Reshma fue rescatada, si bien
su futuro sigue siendo incierto.
Vivimos en un mundo globalizado
en el que para que haya ricos tiene que haber pobres, o como se suele decir el
pez grande siempre se come al chico. Las grandes cadenas mantienen centros de
trabajo en países en vías de desarrollo como Bangladesh. Se excusan diciendo
que son otras empresas las que explotan, sin embargo, yo sí creo que tienen
mucha culpa en lo sucedido en Rana Plaza, ya que solo se limitan a mirar
para otro lado. Ellos saben perfectamente lo que facturan a esas empresas
subcontratadas, de manera que es imposible que no sepan realmente lo que sucede
en esos lugares.
Por todas estas razones y muchas
más, de las que ya os he hablado yo prefiero comprar en las tiendas del barrio,
o a amigas que como Aida se aventuran a hacer realidad sus sueños. Todas
estas personas de Rana Plaza también tenían sueños, desgraciadamente estos
fueron enterrados entre los escombros del que fue su lugar de trabajo, algo que
no se debería repetir. Así que ya sabéis, cuando vayáis a comprar en la tienda
de moda pensad en todas esas personas, atrapadas en una vida de miseria y
explotación para que otros obtengan los máximos beneficios.
Hoy las grandes cadenas hablan de
mejorar las condiciones de sus trabajadores, quizá esto signifique que han
aceptado su parte de responsabilidad en la tragedia, demasiado tarde, ¿no os
parece?
Y para terminar en recuerdo de todas estas personas me gustaría dejaros en la compañía de un fragmento del maravilloso Réquiem de Victoria.
Y para terminar en recuerdo de todas estas personas me gustaría dejaros en la compañía de un fragmento del maravilloso Réquiem de Victoria.
Hola!!!! Una vez más tienes toda la razón. Yo este año he comprado todo en pequeño comercio, y lo que me falta lo haré así también. Últimamente tengo poco tiempo, de hecho en la última actualización del blog puse un relato que ya tenía porque no pude pararme a escribir, pero aún con poco tiempo prefiero recorrer varias tiendas aunque tarde un poco más que comprar todo en una gran superficie o en una gran cadena y además al final el tiempo ahorrado lo pierdes en las eternas colas que se forman. Un besín y felices fiestas
ResponderEliminarHola Marigem;
ResponderEliminarUna vez más gracias por pasarte por mi blog y dejarme un comentario, ya sabes que los valoro mucho. La economía del barrio depende mucho de nosotros. Además, yo creo que las tiendas de barrio son las que dan vida al barrio, y sin ellas el barrio no tendría color, ¿verdad?
En fin, espero que vuestros problemas de salud vayan pasando y que poco a poco todo vaya volviendo a la normalidad. Un besín y feliz año
Noelia
Gracias por dedicar tiempo y espacio a estos temas.
ResponderEliminarAprovecho para desearte un buen 2014, y que tod@s sigamos por aquí, con buen espíritu. Será buena señal, ¡saludos, Noelia!