Hoy echando un vistazo a mi
timeline de Facebook, he reparado en una noticia que me ha helado la sangre,
una profesora paquistaní ha sido asesinada cuando se dirigía a la escuela
de niñas en la que trabajaba. Una terrible
noticia que me ha causado perplejidad, tristeza e indignación a partes iguales.
La ignorancia junto con el
fanatismo más radical, dan lugar a noticias tan dramáticas como esta, que al
menos a mí no me dejan indiferente, es más, me dejan una terrible sensación de
impotencia y desazón que no me permiten mirar para otro lado.
Las niñas deberían tener los
mismos derechos en todas partes, y desde luego la profesión de maestra de niñas
no debería ser una profesión de alto riesgo, algo que sin embargo es así en
muchos lugares. Así las niñas en muchos lugares del mundo son obligadas a
casarse con muy pocos años de edad, lo que debería estar penada por ley, sin
embargo muchos gobiernos miran para otro lado, sin importarles lo que suceda a
estas criaturas.
Las niñas del llamado primer
mundo sueñan con tener el smartphone de moda, o con ir a un concierto de
Justin Bieber, en cambio para muchas otras niñas su máximo anhelo es poder ir a
la escuela, y ser eso niñas. Sin embargo, a veces son obligadas a trabajar en
basureros, como los niños de Guatemala,
o son obligadas a casarse con hombres mucho mayores que ellas, que les
arrebatan la inocencia. Dejan así de ser niñas demasiado pronto, son obligadas
a dejar la escuela, y así se pierde la posibilidad de tener una vida mejor, ¿no
es injusto?, yo creo que sí.
Por si esto fuera poco, hay
personas, que aferrándose a unas creencias absurdas, y consumidos por el
fanatismo más absoluto y exacerbado, les privan de todos sus derechos, como el
derecho a la educación o a tener una vida digna. Las encierran en sus casas,
obligándolas a llevar un velo tras el que no pueden ser ellas mismas, a menudo
sufren palizas injustificadas, y cuando alguien trata de rebelarse es
ejecutado. Así le ocurrió a Malala hace unos meses, ella ha tenido más suerte y
ha sobrevivido al ataque brutal del que fue víctima. Sin embargo, Shahnaz Nazli no ha tenido tanta suerte y
ha perdido la vida por hacer su trabajo, educando a esas niñas para que así
puedan tener una vida mejor.
Son las mujeres como Shanaz o Malala quienes merecen el nobel
de la paz, ya que ellas se juegan la vida defendiendo aquello en lo que creen,
son más valientes que nadie, ya que aunque tengan miedo, que seguramente lo
tienen, no lo demuestran y siguen adelante. Son ellas quienes merecen toda mi
admiración y apoyo, no esos ídolos con pies de barro, que construimos para
luego dejarlos caer. Sin embargo no reciben homenajes multitudinarios, y quizá
muchas personas ni siquiera lleguen a ser conscientes de la tragedia que muchas
mujeres y niñas viven en otros lugares del mundo.
Por eso hoy me gustaría dedicarle esta entrada a esa mujer
valiente que ha caído ejerciendo una de las profesiones más bonitas del mundo,
la de enseñar, para que su nombre no caiga tan fácilmente en el olvido. Hoy en
su memoria, me gustaría dejaros con una pieza maravillosa del barroco italiano:
el Stabat Mater de Pergolessi, una obra maestra sin duda. Me gustaría que esta
noticia no se repitiera nunca más, y que todas las niñas del mundo reciban la
educación que merecen para tener así una vida digna.
Descanse en paz Shanaz Mazli, que su causa no caiga en el
olvido.
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