Todo empezó un buen día de hace dos años, más o menos, yo
que llevaba años sin cantar, y realmente lo echaba mucho de menos, decidí
buscar un coro en Gijón. Así que me puse a rastrear la red en busca de algún
coro joven que me quisiera admitir como alumna y di con el coro
Melsos, un coro joven, de gente apasionada por la música y el canto, que además
son majísimos, todo hay que decirlo.
Claro lo que no me esperaba yo era la dificultad del
repertorio que cantaban, así que el primer día casi me muero, me entraron
sudores solamente al calentar la voz, ahí es nada. Encima las partituras
estaban en todos los idiomas, alemán, latín, italiano, ufff!!, ¡pero dónde me
había metido yo!.
El caso es que poco a poco me fui acoplando a mis
compañeros, y al director, un chaval muy agradable, que además resulta ser del
agrado de más de alguna fan del coro, vamos una joya de chico, si hasta compone
piezas para el coro,¿se le puede pedir más?.
Pues sí, que sea un poco más benevolente con esta pobre
aprendiz de soprano, le encanta meterse conmigo, y yo como soy muy pinina me lo
creo todo, así que uno de sus deportes favoritos es hacerme de rabiar, ¡y que
bien se le da!.
Hace poco estábamos ensayando “Si la noche haze escura”, una
pieza maravillosa del Cancionero de Uppsala atribuida a Francisco Guerrero. Yo
ese día debía tener un ansía inmenso por cantar, así que entré la primera con
toda mi energía. El “dire” paró de inmediato, y me dice “tú sabes donde
estamos”, y yo sí claro que lo sé, no me vas a decir que no lo sé, hombre si me
he aprendido la partitura de pe a pa. Bueno, pues nada, volvemos a empezar, y
otra vez yo de estrella principal entro la primera. Ya el pobre “dire” no podía
más y me gritó que yo no tenía que estar cantando todavía, entonces caí en la
cuenta que yo no empezaba hasta el tercer compás, estaba pisando a mis
compañeras altos y mezzosoprano, ¡ menos mal que no voy de diva!.
Pero sin duda lo mejor sucedió un buen día que estaba
dándonos las notas al piano, y yo le dije algo así como “Hay que quitarle el
polvo a ese piano”, a lo que él respondió “me gusta así”.Bueno vale, si te
gusta tocar un piano guarro a más no poder por mí vale.
Lo más gracioso vino unos cuantos días después, una de mis
compañeras dijo “hay que limpiar ese piano”, y yo contesté muy ufana “es que al
dire le gusta el polvo”, ¡pero en qué
narices estaría yo pensando!. Respuesta del dire :”Como a todos”, las
carcajadas se debieron de oír en todo Gijón.
Como os podéis imaginar los ensayos del coro son de lo más
divertido, lo que no quita para que también trabajemos duro y nos pongamos las
pilas cuando nos las tenemos que poner, pero de vez en cuando está bien reírse
de uno mismo, ¿o no?
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