martes, 2 de octubre de 2012

Para que no les roben la inocencia


Hace un par de días mientras recogía la cocina después de la cena puse La 2, me encantan sus reportajes, especialmente los de viajes, ¡se puede aprender tanto con ellos! Sin embargo en esta ocasión el reportaje versaba sobre pederastas occidentales en países de Asia, concretamente en Camboya, aunque también hablaron de Kenia, donde desgraciadamente también se empiezan a dar muchos casos.

Los niños en estos países son doblemente víctimas, en primer lugar de la pobreza más absoluta, y en segundo lugar de estos seres repugnantes que se aprovechan de la miseria de reinante en estos países para satisfacer sus más que despreciables instintos.
Las familias de estos niños no ven nada malo en esto, venden a sus hijos para poder dar de comer a sus familias, incluso ven con malos ojos a las ONGs que tratan de rescatar a sus hijos de los brazos de estos desaprensivos. Era descorazonador ver como las propias familias se enfrentaban a los reporteros que intentaba hacerles ver lo horrible de esta situación. “El niño puede ir a la escuela, y yo tengo dinero para comprar comida para el resto de mis niños, ¿qué hay de malo en eso?, preguntaban.

Me habría gustado responder que hay mucho de malo en eso, no puedo entender que alguien venda a sus hijos, causándoles un sufrimiento que probablemente les acompañará durante el resto de sus vidas por unas míseras monedas.
Los niños deben ser niños, tienen  los mismos derechos en todas partes, o al menos así debería ser, no son mercancía, son seres humanos, un poco más bajitos, pero seres humanos. Deberían ir a la escuela, jugar, reír, pero sobre todo deberían conservar la inocencia durante muchos años, lástima que a tantos pequeños se la arrebaten de la peor de las maneras.

Pero no puedo olvidar que los verdaderos culpables son  los que abusan, esos seres abyectos y despreciables que viajan a países pobres para poder hacer a su antojo con total impunidad. No hay más deplorable que hacer daño un niño, robarle la inocencia y marcarle para siempre con el dolor de algo que no pudo evitar. El peso de la ley debería caer sobre estas personas con toda la fuerza del mundo, no deberían ni ver la luz del sol, pues no merecen nada. Son mentes retorcidas a las que por desgracia ni las autoridades intentan poner freno, ya que en muchas ocasiones tienen comprados a los propios jueces, ¡que injusticia!

Hace unos días, concretamente el 23 de septiembre se celebró el Día Internacional contra la explotación sexual de los niños, debería haber escrito este post entonces, así que aquí os lo dejo con un poco de retraso, espero que sirva para algo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario