jueves, 4 de octubre de 2012

Y hoy les falláis


Parece ser que en este país hay muchas personas que se han sentido identificadas con lo que decía en mi post “Tengo 38 años, y qué”, ya que ha tenido mucho tráfico y ha sido compartido varias veces. Lo que me lleva a pensar que hay muchas personas que al igual que yo se sienten discriminadas por su edad, algo que no debería suceder.

En este país cuando entras en una tienda te atienden chicas jovencísimas, casi niñas, y lo mismo sucede cuando subes a un avión, llegas a un hotel, etc. Sin embargo recuerdo que cuando trabajaba en Selfridges, que son nada más y nada menos que los rivales de los grandes almacenes Harrods, lo hacía codo con codo con abuelas, que por cierto se movían con más agilidad que yo. Lo mismo sucede cuando subes a un avión de la British Arways, o llegas a cualquier hotel, el personal puede tener los cincuenta más que cumplidos, y nadie se rasga las vestiduras por ello. Es más, a esas personas se les reconoce su valía profesional y son respetadas al máximo por sus compañeras, que ven en ellas el ejemplo a seguir, y por sus superiores, que entienden que estas personas lo han dado todo por la empresa en la que están.
Una de mis compañeras de entonces “Anita”, llevaba la friolera de 45 años trabajando en Selfrigdes, por lo que la empresa le hizo un homenaje dedicándole un precioso artículo en su revista, en la que le daban las gracias por tantos años de esfuerzo. No sé yo si en este país se premiaría la trayectoria de esta gran mujer de igual manera, quizá le dirían eso tan amable de: “¿Cuándo te jubilas?”
                                                                                             

Las personas que hoy tienen más de 50 años han trabajado más duro que nadie para levantar este país, algunas de esas personas llevan o llevaban trabajando desde antes de cumplir los dieciséis años, aunque ahora nos parezca extraño. No tuvieron las mismas oportunidades que  nosotros, vivieron una época en la que sólo las personas adineradas estudiaban, así que desde muy temprano salieron a trabajar para ayudar así a la economía familiar. Lo dieron todo por sus familias, le entregaron su vida y su energía a las empresas en las que trabajaron, algunas de esas personas perdieron la vida en el puesto de trabajo por falta de prevención, entre otras cosas.

Hoy esta sociedad ingrata les da la espalda a todas esas personas, no sólo no las tiene en cuenta, sino que las desprecia como si no valieran nada. Pero quizá han sido ellas las que han levantado la empresa que hoy hereda ese joven tan guapo y simpático, que a lo mejor ha estudiado cinco carreras pero tiene menos sentido común que un pulpo. A lo mejor esa persona estuvo codo con codo con el padre del “heredero”, se levantó todos los días de su vida a las cinco de la mañana para no fallarle al jefe, y dejó muchas veces de lado a su familia y amigos, porque el trabajo es el trabajo.

Esta sociedad nuestra está un poco enferma me parece a mí, si sólo busca gente joven y guapa dejando de lado la sabiduría y la madurez de quienes tanto han dado por ella, tal vez no merezca la pena, ¿estáis de acuerdo?


Para finalizar os dejo con una pieza musical hermosísima que siempre me hace reflexionar, El Adagio de Albinoni, espero que os guste.

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