jueves, 11 de octubre de 2012

Y el otoño llega a nuestras vidas



Hoy en Gijón nos hemos levantado con un poco de niebla, parece que Lorenzo por fin nos ha abandonado, y que el otoño se está instalando definitivamente en nuestras vidas. En esta época del año no sé por qué, pero siempre me invade  la nostalgia, no lo puedo evitar, será el caer de las hojas, o la llegada del frío, pero el caso es que los recuerdos me invaden y a veces no puedo evitar sentirme un poco tristona.

Recuerdo con especial cariño los días de otoño de mi época Londinense, las calles llenas de hojas, casi parecía una postal, tengo que reconocer que Londres es especialmente bonito en esta época del año.

Solía madrugar mucho para ir a trabajar, a veces salía de casa a las 6 de la mañana, llegaba muy pronto, así que me daba tiempo a desayunar en la cocina con mi amigo Jose, un colombiano con el que compartía mi afición por los  libros. Mientras él curraba afanosamente, yo le contaba el último que había leído, o la última película que había visto con mi hermana. Luego llegaba Andy, el jefe de cocina, que al verme salía corriendo a prepararse un café, si no era yo la que estaba en ese turno la máquina ni siquiera estaba conectada, mis compañeros no eran tan madrugadores como yo.
También me acuerdo de muchas otras personas con las que compartí muchas horas de trabajo, pero también de amistad en aquel café en Accenture. Yo me llevaba especialmente bien con todo el mundo, quizá por lo parlanchina que soy, los clientes se solían sorprender porque me sabía de memoria que tipo de café o té quería cada uno, tengo una memoria de elefante la verdad. Nunca tuve ningún problema con nadie, como dicen los ingleses soy una chica “easy going”, soy fácil de tratar, no soy caprichosa y tengo buen corazón, no juzgo a nadie y siempre estoy dispuesta  a ayudar a quien lo necesite.

Supongo que lo que más hecho de menos es trabajar, quizá aquel no fue el trabajo de mi vida, pero me permitía ser independiente, me sentía valorada y querida por todo el mundo, y sobre todo me podía permitir comprarme algún que otro trapito, no como ahora. Madrugar es algo que reconozco que me gusta, levantarme a las 7 de la mañana, incluso más temprano es algo que hecho de menos, aunque a alguno le parezca una locura.

Estos días echo mucho de menos a todas esas personas que formaron parte de mi vida, hasta a Paul, que me dio calabazas, cachis…¡él se lo pierde!. Gente maravillosa que me trataban de igual a igual, era como una gran familia donde todos nos llevábamos bien, daba igual que fueran clientes que compañeros, de todos guardo gratos recuerdos. Me gustaría saber qué fue de todos ellos, espero que estén bien.

Hoy la vida me está poniendo a prueba y me pregunto si saldré de ésta con buen pie, supongo que sí, ganas de pasar el bache no me faltan, así que me aferro a la esperanza de que así será. Además no es cierto eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, yo estoy segura que lo mejor de mi vida aún está por llegar, al menos eso espero.

Pero no puedo evitar sentir nostalgia de aquellos tiempos, que sí que fueron buenos tiempos, pero pasaron, y ahora toca lo que toca y yo no pienso rendir, y vosotros tampoco, saldremos adelante, ya veréis.

Y como hoy me siento nostálgica la canción que más escucha es Memory del musical Cats, una bellísima pieza en la que Grisabella, recuerda con tristeza sus tiempos al sol cuando era joven y guapa. Lea Salonga es una estupenda cantante de musicales, su voz es dulce, y sin embargo ella es capaz de expresar la tristeza y la amargura que la protagonista siente en lo más profundo de su ser, una gran interpretación, seguro que os gusta.


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