martes, 18 de junio de 2013

Buscando a Jiji

El verano que parece no querer llegar nunca a Asturias, se asoma tímido por nuestra ventana, muchos ya están pensando en las vacaciones, soñando quizá con algún destino exótico, donde relajarse y evadirse de todo el estrés acumulado en el trabajo. Seguro que alguno de vosotros estará soñando con ir a Tailandia, donde pasearán por sus playas paradisíacas, y tomarán el sol, soñando con un futuro mejor, libres de jefes déspotas, o clientes mal educados que piensan que están en su derecho cuando nos tratan de manera grosera y mal educada.

Sin embargo, Tailandia, como el resto de países del Sudeste Asiático, esconde una cara oscura, la del tráfico infantil y la explotación sexual. Así, hoy en la BBC escuché la historia de Jiji, que me dejó sin palabras, y me llenó una vez más de tristeza al saber que en este mundo los más inocentes siguen siendo víctimas de la barbarie y el abuso más deplorables.

Jiji es una niña de familia humilde, que vendía flores junto a su madre en una gasolinera cerca de su hogar. Un buen día Jiji acudió junto con su mamá a esa gasolinera a vender flores a los viajeros, como cada día. Sin embargo, ese día algo salió mal, pues cuando su mamá fue a darle el pecho a su otra hija, Jiji desapareció sin dejar rastro. Su mamá creyó volverse loca, la buscó por todas partes, ¿cómo podía haber desaparecido así su hija?, tenía que estar cerca en algún lugar, asustada, quizá llorando sola y desprotegida. Las imágenes de la cámara de seguridad del lugar, muestran a la pequeña caminando por las inmediaciones de la gasolinera, distraída, sin rumbo fijo, casi como si estuviera ausente, para luego perderse sin dejar rastro. Desde ese día su llorosa madre la busca sin cesar por toda Tailandia, sin perder la esperanza de volver a abrazar a esa niña que le fue arrebatada de sus brazos.

Por desgracia, la historia de Jiji se repite muy a menudo en el Sudeste Asiático, y muchos niños, se habla de ocho millones cada año, desaparecen sin que nunca se vuelva a saber de ellos. Son vendidos a traficantes sin escrúpulos que les roban la inocencia, abusando de ellos, sus vidas así no vuelven a ser las mismas. En otros casos son explotados en las fábricas, donde quizá fabriquen las piezas de nuestros maravillosos smartphones. Su infancia así se pierde para siempre, en un mundo de horror y miedo, del que no pueden salir por si mismos, están solos y desprotegidos, abandonados a su suerte.


Estos niños necesitan ser protegidos, se debe poner más atención en su seguridad, y las leyes deberían ser mucho más duras con quienes los secuestran y explotan. Mientras muchas personas continúan viajando a Tailandia para disfrutar de las muchas maravillas que este exótico país ofrece al visitante, la mamá de Jiji la sigue buscando entre lágrimas, espero que un día la encuentre.

Os dejo con un escalofriante vídeo sobre la explotación sexual en el mundo, terrible, ¿verdad?


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