jueves, 27 de junio de 2013

Cien años de soledad


Hace poco tiempo, en una cena con las compañeras de la UNED, prometí que iba a leer Cien años de soledad inmediatamente, porque como bien decían mis amigas: "si no has leído cien años de soledad es como si no hubieras leído nada", bueno no recuerdo la frase exactamente, pero más o  menos era eso.
Así que dos días más tarde me puse manos a la obra y empecé a leer la que es sin duda la gran novela de la literatura latinoamericana, y como no podía ser de otro modo me enganchó hasta tal punto que me robó el sueño, básicamente porque no era capaz de soltar el libro para ir a la cama, ¡cómo iba a abandonar yo las andanzas del coronel Aureliano Buendía!
Desde siempre me ha fascinado el realismo mágico de la novela latinoamericana, en la que me he sumergido muchas veces a través de las palabras de Isabel Allende, una de esas autoras que me fascinan. Pero debo reconocer que Gabo aquí se supera, construye unos personajes, que si bien son aparentemente irreales, su mágica pluma los convierte casi en seres de carne y hueso. Además el uso del lenguaje es tan exquisito y delicado, que no pude evitar deleitarme al leer cada línea de este maravilloso libro.
He buscado la piedra filosofal con Arcadio Buendía, al que he podido visualizar encadenado al castaño en el que acabará sus días. He salido junto a Úrsula Iguarán en búsqueda de José Arcadio, quien marchó con los gitanos, para volver después lleno de tatuajes. He muerto como Melquíades de fiebres en Singapur, para después volver de entre los muertos. He conocido a los diecisiete hijos del coronel Aureliano Buendía, quien ganó treinta y dos guerras, para después pasar sus días haciendo pescaditos de oro para luego volverlos a fundir.He vivido años de interminable lluvia  que tiñeron de verde las casas de Macondo, para después ver morir a los pájaros de calor hasta que no quedó uno vivo en el pueblo.  También he presagiado la caída de una olla, que parecía estable,  y he conocido el destino final de una estirpe a través de los pergaminos de Melquíades, que escritos en sánscrito, afirman: "que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra".
Cien años de soledad me ha acompañado durante mis noches de insomnio y ha hecho más ameno el trayecto entre Ciudad Real y mi Asturias del alma, cautivándome sin remedio mientras me sumergía para siempre en el universo mágico de sus personajes, que a partir de ahora vivirán para siempre en mis sueños.

Y para poner el punto y final a esta entrada, que se ha teñido de la magia de los personajes de Cien Años  de Soledad de Gabriel García Márquez, he pensado en rendir un pequeño homenaje a otra gran artista latinoamericana: Frida Kahlo, así que os dejo con la preciosa banda sonora de la película narra su interesante vida.


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