viernes, 16 de septiembre de 2011

Retrato del olvido




María Rosa miraba las fotografías del rincón con curiosidad, todos los retratados le parecían muy guapos, especialmente una niña de dos o tres años que miraba a la cámara con especial picardía, “será hija de la dueña de la casa”, pensó. Llevaba allí un rato esperando por su hermana Alicia, que trabajaba en aquella casa desde hacía un tiempo, aunque esta vez tardaba demasiado, algo totalmente inusual para la buena de Alicia, que jamás se hacía de rogar.

Volvió a sentarse en el sofá, pues empezaba a estar cansada, “espero que no se lo tome a mal la señora”, pensaba, pero realmente mis piernas ya no son lo que eran. Cogió una revista para entretenerse, de esas de cotilleos, la verdad sea dicha, no se trataba de su lectura favorita, pero algo debía hacer para matar el tiempo. Gracias a esa revista descubrió que volvía a llevarse el morado, y que cierta famosa actriz se había separado de su marido, aunque seguramente no lo pasaría tan mal como ella. Sí, su mundo se había desvanecido para siempre el día que su marido se había ido de casa, la pobre mujer debió hacer grandes esfuerzos para sacar a sus hijos adelante. Afortunadamente ahora ya habían crecido, y aunque estudiaban en la universidad, trabajaban en su tiempo libre para poder ayudar a su buena madre.

Cuando se quiso dar cuenta eran las siete de la tarde y Alicia todavía no aparecía, pero que tarde iban a llegar a casa, que desconsiderada estaba siendo su hermana, con la cantidad de cosas que tenía que hacer en casa. Además había sido ella quien se había empeñado en que pasara a recogerla al trabajo, pues no se sentía segura volviendo sola a casa, últimamente pasaban ciertas cosas desagradables en el barrio, por lo que era mejor caminar siempre bien acompañado. Eso sí, la cosa ya estaba pasando de castaño oscuro, dos horas llevaba ya esperando en aquella sala, la próxima vez no iría a buscarla, estaría bueno. Ella que se levantaba todas las mañanas a las seis de la mañana para ir a trabajar, y nadie se preocupaba de acompañarla, y caminar por el barrio a horas tan tempranas también entrañaba cierto peligro.

Volvió a levantarse y observó de nuevo las fotografías del rincón, pero que niña tan guapa, lucía un vestido verde claro de verano, y una grandísima sonrisa, desde luego aquella fotografía debía captar la atención de todas las visitas. El caso, es que…la cara de la niña no le resultaba del todo desconocida, no podía precisar dónde, pero estaba segura de haberla visto antes, seguramente en compañía de su hermana, después de todo cuidar de los niños de la señora era parte de su trabajo. Aunque,…siguió pensando que tal vez habían coincido en algún otro lugar, tal vez su hermana la había llevado alguna vez a casa, sí debía ser eso, ¿en que otro lugar habrían podido coincidir si no?.

Realmente estaba ya empezando a impacientarse, las siete y media y Alicia no aparecía, que manera de perder el tiempo esperando, sería la última vez, aunque esa actitud no era normal en ella, quizá habría pasado algo, ¿pero cómo es que nadie le había dicho nada?.
De repente María Rosa se sintió muy preocupada, tal vez deba llamar a alguien, no estaba en su casa, no sería correcto salir a merodear por las habitaciones en busca de su hermana, pero algo tenía que hacer eso estaba claro.

Mientras cavilaba sobre lo que debía y no debía hacer, dieron ya las ocho de la noche, a eso si que no podía ser, ya era muy tarde y al día siguiente le esperaba otro arduo día de trabajo, así que salió al pasillo y llamó tímidamente a su hermana. Para su sorpresa quien atendió su llamada no fue su hermana, si no una joven muy guapa, y muy parecida a la niña de la foto, la hermana mayor, quizá.

La muchacha miró a María Rosa y sonrió, se acercó a ella, y con mucha amabilidad le preguntó qué era lo que sucedía, y si podía ayudar de alguna manera. La buena mujer procedió entonces a relatar todo lo sucedido, que llevaba toda la tarde esperando por su hermana, que ésta no daba señales de vida, que se les hacía tarde y ya era de volver a su casa, etc. La joven entonces, cogió a la buena mujer suavemente por el brazo, y con mucho cariño se dirigió con ella hacia el salón, no debía preocuparse le dijo, ella misma iría en busca de Alicia, que sin duda no se había percatado de lo tarde que era ya. Invitó a la buena mujer a sentarse en el sofá, como si  estuviese en su casa, le dijo, y salió del salón presta y rauda, en busca de la hermana que tanto se demoraba.

Se tranquilizó entonces María Rosa, menos mal, al menos ahora ya sabía que su hermana estaba bien, pronto aparecería por la puerta y podrían marcharse las dos a su casa. No reparó en la joven, que la observaba medio escondida tras la puerta. Rosina contemplaba a su abuela conmovida, pues, aunque no era la primera vez que se repetía un episodio, si no igual, similar a éste, no dejaba de dolerle en el alma. Se preguntaba, a dónde habría ido a parar su abuela, la que había cuidado de ella desde que era un bebé, la que había hecho enmarcar la fotografía del rincón. Su memoria un día se había empezado a esfumar y poco a poco había ido desapareciendo, si al menos recordara su nombre, Rosa como ella.

Pero no había lugar a dudas, la María Rosa que todos habían conocido se había ido y ya no iba a volver, su memoria se había quedado anclada muy atrás en el tiempo y no había encontrado el camino de vuelta al presente. Lo único que todos podían hacer era cuidar de ella, y seguir queriendo a esa gran mujer que tan duro había luchado para sacar adelante a sus hijos después del abandono de un marido ingrato que no supo apreciar lo que tenía.

Dedicado a todos aquellos que un día olvidaron y jamás volvieron a recordar.

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