domingo, 15 de septiembre de 2013

Soñando con mis abuelos

Hace tan solo unos días en una de mis clases de yoga, ¡que tanta falta me hacen!, durante la relajación me ocurrió una cosa extraordinaria, al menos desde mi punto de vista. Marián, nuestra dicharachera profesora, que siempre nos hace visualizar lugares cálidos y acogedores en los que nos sentimos tranquilos y relajados, nos llevó a una playa. Mientras una sugerente música sonaba de fondo, me senté en la cálida arena y allí sentada sentí como las olas del mar acariciaban mis pies, sin duda estaba en el paraíso. De repente Marián nos hizo evocar un cielo azul, y a lo alto pudimos divisar una gaviota que alzaba el vuelo (Marián no sabe que odio las gaviotas, pero se lo perdono)
Y mientras la brisa cálida acariciaba mi rostro, de repente vi a una mujer joven y guapa, mi bisabuela Consuelo, que sentada a mi lado, acariciaba mi pelo con la dulce suavidad de sus manos. Entonces sucedió algo más hermoso aun, mi abuela, a quien tanto he echado de menos en estos últimos meses, también se sentó a mi lado y me abrazó. A lo lejos pude ver la barca de remos de mi abuelo, que acompañado de su hermano Joaco, me saludaba con brío, recordándome que siempre estará a mi lado por mucho que pasen los años. Por eso ayer me emocioné mientras paseaba en buena compañía por el Puerto Deportivo de Gijón, pues al ver el mar en calma en la noche gijonesa no pude evitar imaginármelo de nuevo a bordo de su barca de remos.

Los seres queridos no se van del todo, siempre dejan una profunda huella en nosotros, que no podemos evitar recordarlos en fechas destacadas, como estos días de septiembre en los que en Candás se celebran las fiestas del Cristo, que tantas veces disfruté a su vera. También están en el mar Cantábrico y en el paseo marítimo de Candás que tantas veces recorrieron. Pero si hay que me sorprende cada día es descubrir lo mucho que me parezco a ellos, y reconocer en mis gestos los mismos que ellos solían hacer.

Si hay algo que admiro de mis abuelos, los de Candás y los que vinieron de Porcía, Valeriano y Ana María, es ese amor que se guardaron durante tantos años,  me gusta pensar que sobrevivió  a la muerte. Así me imagino que ambas parejas estarán reunidas de nuevo en alguna estrella, desde donde velan mis sueños, y de vez en cuando aparecen en ellos para recordarme que no estoy sola porque forman parte de mí. Así mientras escriba sobre ellos y cuente sus historias seguirán vivos en mi memoria y en la de los que me rodean. Se amaron mucho, aunque alguna que otra vez no pudieron evitar alguna que otra regañina, que sin duda se la llevó el viento, pero estuvieron juntos durante muchos años, y aunque la muerte los separó, siempre permaneció el recuerdo de ese gran amor que vivieron y el legado que dejaron, que somos sus hijos, nietos y biznietos.

Todos añoramos sentir ese amor que un día vivieron nuestros abuelos, algo que en estos tiempos parece una quimera. Inmersos en esta vorágine que es el día a día, abandonándonos a la rutina de un mundo globalizado en el que todos tenemos demasiada prisa, a veces nos olvidamos de vivir, y así historias de amor como las de nuestros abuelos hoy nos parecen imposibles. Siempre hay quien  piensa que no es igual el amor a los dieciocho que a los cuarenta, y tal vez tenga razón, pero yo creo que es igual de hermoso, porque cuando llegamos a esa edad ya sabemos lo que queremos y prestamos más atención a lo que realmente merece la pena, olvidando entonces los ideales románticos de nuestra juventud.

Contemplando el mar al anochecer no puedo evitar recordar a mi abuelo
© Matthew Green for openphoto.net

En estos días alguien me habló de una canción de Freddy Mercury, la voz de Queen, que tantas historias hermosas nos regaló con su voz melodiosa y potente. You take my breath away es una "pequeña canción", como el propio cantante decía, sin embargo, desde mi punto de vista es una hermosa declaración de amor, que da muestra de la enorme sensibilidad del cantante. Freddy Mercury debió amar mucho a alguien, no sabemos quién sería el destinatario de tan hermosas palabras: “Tú te llevas mi aliento”, “si me desterraras de tu vida moriría”, “puedes reducirme a un puñado de lágrimas”, para terminar diciendo “te amo”. Sin duda esa persona a la que Freddy amó fue muy afortunada pues encontró en él a alguien que era capaz de dar la vida por el ser amado, algo que en nuestros días parece muy difícil de encontrar, o, tal vez no tanto.


3 comentarios:

  1. Qué bonito. Yo a menudo pienso en mis abuelos, en ese amor que sintieron y espero parecerme un poco a ellos. El 24 de este mes va a ser mi aniversario de boda, 19 años(para mis 39 son un montón)y también habría sido el de mis abuelos maternos, que fallecieron hace 7 años y con pocos meses de diferencia.Mi abuela siempre decía que cuando se casó no tenía ni un tarro para guardar legumbres ni legumbres para guardar en el tarro, pero tenia toneladas de ilusion y salieron adelante, hicieron que la infacia de mi madre y mi tío fuese una época muy feliz y nos quisieron a todos mucho, así que solo me quedan cosas buenas y un gran ejemplo.Me gustaría que en un futuro mis nietos , si tengo, e hijos me recordaran como yo les recuerdo a ellos. Un besito y es una suerte que hayamos podido disfrutar de ellos tanto tiempo, aunque confieso que soy egoista y me parece demasiado poco. Me consuelo pensado que fueron a la comunión de sus bisietos conduciendo su coche, y no todos lo pueden decir, pero aun así fue muy breve. Besinos, preciosa la canción de Freddy, nosotros lo escuchamos mucho y seguiré por aquí.

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  2. Muchas gracias por estar siempre ahí Marigem, mira por donde tenemos la misma edad. Al igual que tú yo también me siento muy dichosa por haber podido disfrutar de mis abuelas hasta los treinta y tantos, casi cuarenta. Por desgracia los abuelos marcharon primero, a Valeriano apenas lo conocí,y mi abuelo de Candás falleció cuando tenía diecisiete años,a dos meses de los dieciocho. Pero siempre me quedará el recuerdo de todo lo que viví a su lado, que es mucho más de lo que puede decir mi prima Cristina, que tan solo tenía cinco meses. En fin, me gusta recordarles y sé que de alguna manera siguen cerca de mí, o al menos eso me gusta pensar a mí. Y tienes razón, tenían muy poco, ¡pero que felices eran con lo poco que tenían!
    Un besito

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  3. Hola, como no sé si leeras mi resuesta en mi blog te la dejo aquí. Para los premios estos de las preguntas te nominé, pero acabo de fijarme y no estás, pero no creas que no pensé en ti es porque hice algo mal o no sé, pero estás nominadísima, además mi idea era que aparecieras la primera. Yo te lo dejo co todo mi cario, si no te apetece contestar no pasa nada pero que sepas que estás incluída. Un besito.

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