domingo, 4 de diciembre de 2011

No sé cómo se puede echar tanto de menos algo que nunca se tuvo, pero me pasa, echo de menos los paseos por el bosque en flor, la brisa de los pájaros al abrigo de sus manos.
Echo de menos las óperas que no he visto, y las que no he cantado ni cantaré, llego tarde,  sin embargo, mi voz no se apaga, sigue sonando, melodiosa, dulce y cálida, esperando que quizá algún día alguien la escuche y venga a mí.
No sé si ese día llegará, sólo sé que me despierto todos los días con la sensación de que mi vida algún día cambiará, pero ál final me acuesto de nuevo sin que nada haya cambiado, y pienso que quizá mañana sucederá, por qué no.

Y mientras eso llega, yo sigo  luchando, no abandono, sigo con mi voz dulce y suave como el terciopelo, aunque cada vez se va haciendo más potente, quizá así tú la escuches y me entiendas.

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