martes, 15 de octubre de 2013

Pobreza sin fin

Estos días de crisis interminable, parece que nos estamos acostumbrando a ver ciertas noticias sin que nos afecte, o al menos sin que le demos la importancia debida. Los desahucios van dejando de ser noticia, o al menos ya no aparecen tanto en los medios, no porque sean menos, sino porque desgraciadamente ya no interesa que sean portada de los informativos. Entonces ayer mientras me paseaba por mi timeline de Facebook, me encontré con un informe de Cruz Roja que me dejó sobrecogida: 43 millones de europeos no pueden permitirse comprar alimentos por sus propios medios, y otros 120 millones corren el riesgo de sufrir la misma suerte.

Para muchas personas llevarse un bocado a la boca es cada
día más difícil Foto Gratis


Las cifras son espantosas, y desde luego merecen una profunda reflexión, está claro que nuestros gobernantes están haciendo algo mal, muy mal, porque sus medidas de austeridad y recorte no están consiguiendo que los más desfavorecidos salgan del bache. Al contrario, parece que la brecha entre ricos y pobres cada día es más profunda e insalvable, y de esta manera millones de personas están perdiendo la esperanza de tener una vida digna. No tienen acceso a alimentos ni a medicamentos, han perdido la cobertura sanitaria, y como ya he dicho antes, también han perdido toda esperanza. Las ONGs hacen todo lo que pueden, pero se ven desbordadas por el número de personas que acuden en busca de ayuda, está claro que estamos ante una crisis humanitaria en el corazón de Europa. Y digo yo, ¿no es momento de que alguien haga algo?

Está muy bien hablar de mejoras económicas, hay quien habla de brotes verdes, brotes que nosotros los ciudadanos de a pie no vemos por ningún lado. Pero lo que ya no me parece de recibo es que se siga mirando para otro lado mientras tantísimos millones de seres humanos no tienen nada a lo que poder aferrarse.
Estas personas seguramente un día tuvieron un buen trabajo, como muchos de vosotros que ahora me estáis  leyendo. Seguramente también tuvieron un coche de lujo, que compraron gracias a su generoso salario, y tal vez vivían en alguna urbanización de lujo, entre vecinos acaudalados, o al menos, bien situados, que seguramente hoy miran también para otro lado. Posiblemente fueron dueños de un negocio floreciente en tiempos de vacas gordas, quizá el negocio de moda en su localidad, todo el mundo pasaba por ahí, las ventas eran astronómicas, así que se dejaron llevar por el éxito, y embriagados por él gastaron a manos llenas. El chalet en la urbanización de moda, el coche de lujos, el último grito en moda, en fin, incluso hasta se atrevieron a invertir en bolsa. El caso es que un buen día empezó la crisis, y ellos pensaron, “bueno a mí que me importa”, mi negocio no depende del ladrillo, ¿qué me puede pasar?” Y sin embargo, como la pescadilla que se muerde la cola, mucha gente que sí dependía del ladrillo, ingenieros, arquitectos, aparejadores, pero también albañiles, pintores, jefes de obra, que casualmente, eran los mejores clientes de esta floreciente empresa, quedaron sin trabajo, y dejaron de comprar allí. Entonces vino la tragedia, intentaron sobrevivir como pudieron, primero dejaron de comprar el género de primera clase, se vendió el chalet y alquilaron un piso más barato en el barrio de siempre, pero poco a poco todo se fue desmoronando y un día ya no pudieron hacer frente a los pagos. Empezaron perdiendo el negocio, después la casa, entonces se vieron obligados a vivir en el coche. Pero finalmente un buen día los acreedores también se llevaron el coche en el que dormían, y lo que les quedó fue el recuerdo de un negocio que un día fue floreciente, pero que hoy solo es ruina y desolación.

Todas esas personas que hoy acuden a los comedores de caridad son personas como tú y como yo, que lo han perdido todo. Por desgracia, no todas tenían coche de lujo y un chalet en la urbanización de moda, algunas eran simples obreros a los que la crisis ha igualado con sus antiguos jefes. Todos ellos necesitan nuestra ayuda, así que debemos unirnos para exigir que esta situación termine de una vez por todas, porque esas personas quieren trabajo y una vivienda digna, merecen una esperanza y la vida que les prometieron que tendrían.

Ya está bien de jugar con las personas, señores políticos, hagan algo de verdad que no sea pasearse en coches de lujo y pernoctar en hoteles de cinco estrellas, malgastando el dinero de los ciudadanos, que bien podría servir para ayudar a todas estas personas a las que ustedes les han arrebatado la dignidad.
Ni ellos ni yo queremos ser portada de los lunes al sol, queremos la vida que merecemos.Os invito a leer el artículo en el que Cruz roja informa de esta terrible situación pinchando aquí.

Y para terminar os dejo con la pieza de música de rigor, que en esta ocasión he pensado en el Adagio de Albinoni, que ya he compartido más veces con vosotros. Esta hermosa canción siempre me hace reflexionar, espero que os guste.


2 comentarios:

  1. Lo peor de la crisis que estamos sufriendo son los políticos. Y me da igual de qué signo sean. Salvo honrosas excepciones se comportan como si los problemas del país no fueran con ellos. El desánimo de la gente es bestial. Mal camino llevamos, pero hay que seguir confiando en nosotros mismos. España es un gran país, a pesar de que algunos hagan lo posible por tirarlo a la basura.
    Me alegra mucho que hagas oír tu voz...
    Un saludo cordial
    MB

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  2. Muchas gracias por pasarte por mi blog y dejar un comentario, me alegra saber que mi voz es escuchada y que mueve a la reflexión. Y también estoy de acuerdo contigo cuando dices que lo peor de la crisis es el comportamiento de los políticos, efectivamente se han olvidado de que están ahí para ayudar a los ciudadanos, se deben a ellos pues son quienes les votan, sin su voto no estarían ahí. Desgraciadamente se demuestra que en este país quien tiene el poder se aferra a él con uñas y dientes y le importa muy poco lo que le ocurra a quienes están por debajo.Un salud
    Noelia

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