sábado, 1 de septiembre de 2012

Que no me cierren mis tiendas de siempre


Leyendo las noticias cada mañana nos encontramos a veces con algunas que si bien parecen positivas a primera vista, tal vez no lo sean tanto cuando las analizamos profundamente. Algo así es lo que ocurre con el decreto para liberalizar los horarios comerciales y de rebajas, algo así a primera vista parece positivo, piensas más puestos de trabajo, ya, ¿pero qué hay de los pequeños comercios?, ¿podrán sobrevivir?.

La respuesta parece ser no, muchas de las tiendas de nuestro barrio están regentadas por autónomos que echan horas y horas para poder al menos sobrevivir, algunos incluso renuncian a las vacaciones, porque como decía una hace poco tal y como están las cosas….En fin, parece claro que ellos no podrán abrir todos los días, a menos que sólo se dediquen a trabajar sacrificando sus vidas aún más, pero claro, ¿cuánto tiempo podrán aguantar ese ritmo?, poco, creo yo.

No me malinterpreten, yo no me opongo a que se liberalicen los horarios, pero creo que no se debería imponer esta medida, y desde luego debería estudiarse concienzudamente antes de aplicarla, ya que de hacerlo mal las consecuencias serán desastrosas.

En estos últimos tres años estoy cansada de ver tiendas cerradas por mi ciudad, algunas de ellas llevaban abiertas desde mucho tiempo antes de que yo naciera, algo que me causa una gran tristeza. Esas tiendas y las personas que las regentaban formaban parte de la historia de mi ciudad, ¡cuantas historias nos podrían contar!, ¡cuanta gente no habrá pasado por ellas!. Así que yo no puedo evitar sentirme un poco melancólica cuando veo esos locales con tanta historia cerrados a cal y canto, no me parece justo, no debería ser así, ¿por qué nadie hace nada para ayudar a esta gente?.

Ellos son los que dan vida al barrio, y no sólo porque forman parte de él, ellos conocen a sus clientes por su nombre, nos ofrecen así la atención más personalizada que se puede recibir, y saben de memoria lo que les vamos a pedir, así que más fácil imposible. Personalmente yo prefiero comprar la fruta a mi tendera de siempre, Bea, que es ya casi una amiga, si yo le pido manzanas no pierde el tiempo preguntándome de qué tipo las quiero, enseguida va a por las rojas que llevo siempre. En la carnicería mi amiga Visi sabe de memoria el tipo de carne que quiero y cómo la quiero, incluso su marido Santiago de vez en cuando me regala alguna que otra cosilla, porque dice que soy su consentida, y la verdad, es que cuando entro en su local me siento igual que una princesa.
Pero lo más sorprendente me sucedió hace  unos días, resulta que en el mes de junio entré en una pequeña tienda cerca de la C/Uría, mientras me probaba las prendas que más me gustaban me sorprendió una gran granizada, algo fuera de lo común. Así que la dueña de la tienda, Eva,” me dijo quédate aquí conmigo hasta que pase, si quieres puedes leer una revista para no aburrirte”, madre mía, en un centro comercial no me tratarían así de bien, pensé. Pero lo más gracioso fue que hace unos días volví a esa tienda para comprar un regalo para mi madre, y al mencionarle que ya había pasado por la tienda, me contestó : “Sí, el día de la granizada”, madre mía si se acordaba de mí y todo, me da igual que los centros comerciales abran a todas horas, yo pienso seguir comprando en mis tiendas de siempre, no les pienso dejar tirados, además con lo bien que me tratan, para que quiero más.

Qué sería de mi ciudad sin la iglesia de San Pedro, lo mismo ocurre con mis tiendas, si cierran la ciudad  se muere con ellas

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