viernes, 3 de agosto de 2012

A ellas, que no tienen los mismos derechos que yo


Este año 2012 está siendo un gran año para el deporte, hemos tenido ya la Eurocopa, en la que La Roja venció más que merecidamente, y también es año Olímpico, lo que trae consigo el llamado Espíritu Olímpico, es decir juego limpio, amistad, fraternidad y todos esos valores que se supone encarna el deporte. Como siempre entre los atletas participantes hay muchas mujeres, y ahí es donde surge la polémica un año más, algunos países insisten en que sus mujeres lleven el velo islámico, algo a lo que el COI por supuesto se opone.

Desde siempre me ha preocupado la situación de las mujeres en algunos países, muchas de ellas luchan con uñas y dientes para mejorar su situación, aún a costa de sus propias vidas. La historia está llena de nombres de mujeres valerosas que han dado su vida por reivindicar sus derechos, grandes mujeres, de las que se habla al principio, pero luego poco a poco su nombre va cayendo en el olvido, ¡una verdadera lástima!.
Supongo que poca gente se acuerde ya de la mujer asesinada en Afganistán, de quien os hablé recientemente en otro post, y lo mismo ocurre con otras muchas mujeres que han sufrido la misma suerte sin que a nadie le haya importado su suerte.

Paradójicamente, las mujeres de Arabía Saudí pueden participar en los Juegos Olímpicos, pero no pueden conducir en su propio país, la libertad de la que puedan gozar en estos días en Londres se verá totalmente coartada una vez terminados los juegos. Volverán a vivir escondidas tras sus sofocantes velos, hablarán con sus compañeras y amigas de lo hermosa que es la capital británica, de lo maravillosos que fueron esos días, y de todas esas otras atletas que disfrutan de la libertad que sí tenemos en nuestros países y que a ellas se les niega. Muchas de ellas soñarán con irse a otro lugar donde poder vivir a su aire, sin padres ni maridos que las vigilen, poder correr libremente sin velo, sentir el aire en la cara, poder caminar descalzas por la arena de una playa, y sentir el roce de las olas del mar en la cintura, como hacemos nosotras todos los veranos. Pero no pueden, el fervor religioso y un sentido de la moral totalmente desfasado y anticuado se cruzan en su camino cortando de raíz sus ansias de libertad, así que al final se contentan con la vida que tienen y poco más.
A algunas de ellas, la gran mayoría diría yo, les imponen un matrimonio de conveniencia con alguien a quien ni siquiera habrán visto, mucho mayor que ellas, que además tiene otras dos esposas, pues así tratan algunas sociedades a sus mujeres, como a cosas, no como a personas.

Hace unos años me contaba una buena amiga, a la que por cierto quiero mucho, algo que le había ocurrido hacía unos pocos años, cuando volvía a casa después de clase un individuo despreciable la había asaltado y ya os podéis imaginar lo que le hizo, no quiero dar detalles. Yo por supuesto me quedé horrorizada escuchando su relato, y le pregunté qué había hecho la policía al respecto, su respuesta me dejó estupefacta, no había denunciado. ¿Por qué?, os preguntaréis, pues bien, mi amiga es hindú, y aunque ha nacido en Inglaterra y disfruta de gran libertad, sus padres siguen siendo muy tradicionales y de haber sabido lo sucedido sentirían vergüenza, ya que su honor  había sido mancillado y ya no podría conseguir un buen marido. Claro yo me quedé sin palabras, ella era una víctima totalmente inocente, y debería haber contado con el apoyo de sus padres y familiares en un momento tan duro, pero no pudo hacerlo, y tuvo que lidiar sola con el dolor de lo sucedido, y la rabia de dejar a un degenerado suelto en las calles.

Para ilustrar este post os regalo esta preciosa pieza musical de Fanny  Hensel, hermana de Félix Mendelsshon, quien también en su día tuvo muy crudo el hecho de haber nacido mujer en un mundo de hombres, algún día os contaré su historia

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